jueves, 14 de mayo de 2015

CRITICA DE COLOR A "GUTEN TAG, RAMON"

¿Qué significan los buenos días de Ramón? 

El siguiente análisis contiene SPOILER de la película en cuestión. Si no la ha visto y no desea que le platiquen la trama, no lea el siguiente análisis.

“Guten Tag, Ramón” parece una película emanada de un club de optimismo. Es todo lo opuesto a la tendencia natural que ha tenido el cine mexicano en los últimos años, más cargado al lado oscuro. Si bien nunca he estado cómodo totalmente con la visión sombría de nuestro cine esperpéntico, llevar las cosas a Foxilandia, al extremo Prozac, es tanto peor. Si usted es diabético definitivamente puede enfermar al ver esta película de extremada dulzura.  Llena de fantasías irrisorias, a la que le falta la necesaria fundamentación que otorga un proceso mínimo de investigación empírica. Todo es muy superficial. Es lindo y tierno y bueno, pero a huevo  forzadamente.



Un frustrado mojado mexicano es devuelto por cuarta vez a territorio nacional, tras ser rescatado de un camión de redilas repleto de paisanos asfixiados y muertos, rescate por cuenta de los heroicos policías de la Border Patrol. En otras palabras es un sobreviviente, un vuelto a la vida, de la traumática experiencia de un traslado fallido. Y pese a ello, retorna a su pueblo en México, donde planea su retorno a E.U.

Lo único que no se le ocurre es ponerse a trabajar en México.    

Su pueblo es controlado por su familia. Su familia tiene o pertenece a un exitoso Corporativo Empresarial que se dedica a la producción, procesamiento, comercialización y exportación de estupefacientes, por lo que se ve. Pero Ramón por su conciencia moral y su bondad existencial, no quiere ensuciarse las manos con los negocios familiares. Y sus parientes son tan malditos y perversos que mantienen a sus familiares inmersos en la pobreza nacional. Sí. Ajá. En fin. Como son tiempos de Calderón al parecer, su familia sufre la muerte por acribillamiento de su líder, en la famosa guerra con el crimen. La horrible realidad nacional, y el hecho de que como todo mexicano que se respete, tiene una abuelita enferma que necesita costosos medicamentos —esto por supuesto es Pre-Seguro Popular—, y una madre abnegada todo terreno, arrojan a Ramón al autoexilio.
   
Un pariente cercano le recomienda que no insista en la Reconquista de California y que mejor se vaya a Alemania, con una parienta que se dedica al servicio doméstico. Es un viaje que cuesta 30,000 pesos ida y vuelta, sin contar el desplazamiento a la Ciudad de México, ida y vuelta. Pero uno de sus parientes mafiosos, en su cruda moral, le deja una lana.

Dinero sucio. Pero lo lava con su conciencia moral y su bondad existencial. Quizá lo llevó a bendecir a la iglesia o le dió una fregada con jabón zote. En fin. Ramón termina en Alemania con Visa turista.
Esta parte troncal de la película tiene ideas interesantes. Una vez en Alemania, Ramón no encuentra al pariente de su amigo y queda en situación de calle. Probablemente inspirado por la brillante tesis del presidente Fox sobre la conveniencia del autoempleo, Ramón extiende la mano afuera de una tiendita abriendo la primera sucursal trasnacional del Misery Bussines mexicano.  Ahí Ramón conoce a un grupo de ciudadanos alemanes de la tercera edad que terminan por adoptarlo. Recibe el apoyo, sobre todo de una señora llamada Ruth (bien interpretada por la veterana Ingeborg Schöner).  

Es infinitamente más fácil que una persona adopte a un perro en situación de calle, a que adopte a un muchacho en situación de calle. Por eso cuidaron mucho el casting. De tal modo que Ramón no pareciera un verdadero migrante del campo mexicano, sino algo así como un perrito chihuahua humanizado, que cualquiera se llevaría a su casa. O un entrañable furby.

  


Ruth se lleva a Ramón a su edificio, ahí muestra su valía al apoyar en diversas tareas a los jubilados del edificio. Carga el mandado, realiza una reparación por aquí, otra por allá. Tiene la fortuna de que entre los jubilados del edificio se encuentra un latinófilo, un adorador de los ritmos latinos, Karl (Interpretado por otro veterano de la televisión alemana Rüdiger Evers), quién lo emplea como instructor de baile. Entonces Ramón comienza a ganar euros y parece muy feliz.  Se hospeda en el sótano del edificio, un pequeño cuarto amueblado. Pequeño pero mucho más grande que un depa de interés social del INVI.

¿Cómo se comunica Ramón con Ruth? A través de dibujos. Es un guiño a los pictogramas ancestrales de los códices prehispánicos. Quizá en el universo de la película no existe todavía el traductor de Google, ni los diccionarios bilingües. Pero contrario a lo que dicta el sentido común, la relación entre Ramón y Ruth se fortalece a través de su incomunicación.

En una de las secuencias más insólitas de la película, Ruth cree descubrir a Ramón masturbándose —esto está muy mal filmado— mientras que en realidad Ramón está pelando una zanahoria a la altura de su pelvis (si usted pela zanahorias a la altura de su pelvis, vaya al psquiatra). La señora entonces, como lo haría cualquier ancianita alemana o cualquier abuelita mexicana de mente abierta, se lleva a Ramón a una casa de citas y le invita su primer prostituta. ¡Ternurita!  Ramón por su conciencia moral y su bondad existencial, pero sobre todo por su buena educación, no menosprecia esta invitación, lo cuál sería muy grosero y se vería muy muy mal de un Latin Lover, y de un Mexican Macho Men. Esta tierna y lúbrica escena fortalece la relación de Ruth y de Ramón que se transforma en su ahijado de leche de Primera Comunión.



Y en este punto ya entendimos que Ruth es una madrina ATM. La vida de Ramón está completa y Alemania ¡Es un mundo feliz!

Hasta que la migra alemana detiene a Ramón y lo deporta de vuelta a ese agujero mugroso llamado México.

El final de la película parece el remate de un episodio de la Isla de la Fantasía, o de la Rosa de Guadalupe. Había que imponer un Happy Ending a pesar de la deportación. Sacarse el final de la manga es lo que conoce en la técnica de guionismo como un Deux ex maquina, porque fue un recurso muy usual en la tragedia griega—algún dios aparecía y resolvía un problema en apariencia irresoluble—.  Pues Ruth localiza a Ramón en su pueblito vía telefónica. Y ahora sí, con la ayuda de un diccionario Alemán Español —que no se les ocurrió utilizar antes— le pide una cuenta bancaria (aquí desaprovecharon para meter un Sponsor de American Express). Ramón descubre entonces que ha sido beneficiario de una generosa herencia. De este modo Ruth, la madrina de Primera Comunión es en realidad un Hada Madrina a pulso. Y “Guten Tag, Ramón” es lo que los ingleses llaman un Fairy Tail, un cuento de hadas.   

Esta herencia se revela cuando Ramón llega con un hato de compras. El dinero fácil, el que cae del cielo y el consumismo como el culmen de la felicidad individual. Lo material supera la fuerza misma de la relación interpersonal. Los personajes no sólo no persisten en su reencuentro. Simplemente no se reencuentran. Su última vinculación es un acto mercantil.

Y Ramón con su conciencia moral y su bondad existencial acepta sin ningún escrúpulo el dinero limpio, limpísimo, de una mujer que apenas conoció. No porque lo merezca, sino por la ley de Herodes, o la ley de lo cáido cáido. Y corre a hacer shopping.

El shopping como la quintaesencia de la felicidad nacional.    


La película fue un gran éxito de taquilla en México, en E.U. y en Alemania. Fue la gran ganadora de las Diosas de Plata que entrega PECIME, y está nominada a 6 Arieles. Funcionó a nivel comercial y de público porque tiene esa quintaesencia del cine comercial de oropel, del que vende cápsulas de felicidad empaquetada.

Luis F. Gallardo

14 de mayo de 2015

miércoles, 29 de abril de 2015

LA IMPORTANCIA DEL ARIEL Y DE LA AMACC

LA IMPORTANCIA DEL ARIEL … Y  DE LA AMACC



                                                                    La AMACC actual

Es común escuchar en medios electrónicos el menosprecio o el ninguneo de los premios Ariel: Que si el premio sirve para dos cosas… para nada y para lo mismo. Cuando inicié mi camino en el mundo del cine, este menosprecio me desconcertaba, porque todos aquellos conocidos míos que lo habían ganado, lo valoraban y lo apreciaban enormemente.


                                                        Revista "Acierto" Julio de 1984

Además me di cuenta muy pronto que no daba lo mismo ganarlo, que no ganarlo. Tenía un enorme valor no solo por el hecho de haber sido el más votado por los colegas Académicos sino porque abría puertas. Definitivamente.  Ganar un Ariel significo un buen impulso para amigos y conocidos míos en la continuidad de sus carreras, algunas espléndidas. Obviamente esto no es cierto sólo para los Arieles, es cierto para cualquier premio cultural o artístico.

Voy a poner un ejemplo de cuatro generaciones de cuatro épocas diferentes: lo ganaron Ernesto Contreras, Flavio González Mello, Juan Antonio de la Riva y Marcela Fernández Violante.

Ernesto Contreras los ganó por “Los no invitados” de 2004, su tesis del CUEC.  Flavio González Mello lo ganó por “Domingo Siete” de 1996, su tesis del CUEC; Juan Antonio de la Riva lo ganó por “Polvo vencedor del Sol” de 1980 su tesis del CCC; y Marcela Fernández Violante lo ganó por su corto documental “Frida Kahlo” de 1972.

Pero Ernesto Contreras había ganado el Mayahuel del Festival de Guadalajara a mejor Cortometraje por “Ondas Hertzianas” en 1999; Marcela Fernández Violante había ganado la Diosa de Plata a mejor cortometraje de ficción por “Azul” en 1967; y Juan Antonio de la Riva había ganado el Premio a Mejor Cortometraje de Ficción por el Festival Internacional de Cine de Lille en Francia en 1979 con “Polvo vencedor del Sol” .  

Quizá sin estos premios ni Ernesto Contreras ni Marcela Fernández, ni Juan Antonio de la Riva hubieran filmado los siguientes cortos ganadores, Estoy seguro que ellos valoran muchísimo estos Arieles, y que también valoraron el momento en que los conquistaron, y que las preseas no han terminado en el bote de la basura. Basta ver como habla el dramaturgo Flavio González Mello de su Ariel y del momento en que lo ganó http://www.conaculta.gob.mx/detalle-nota/?id=11911 

Pero no es un asunto de Hoja de Vida. La importancia social de los Arieles, y de los premios culturales y artísticos, es evidente. Impulsa, alienta, reconoce, distingue el trabajo del gremio nacional, tanto de técnicos como de artistas. Son los reconocimientos de NUESTRO CINE, del CINE MEXICANO. Quizá los más importantes, sin detrimento de los otros muchos que existen, algunos con tanta tradición como las Diosas de Plata de PECIME, o el extinto Heraldo de México, o de reciente acuñación como los Premios CANACINE o los PREMIOS PLATINO, evidentemente todos con su valor y legitimidad.    

Pero vuelvo al punto: ¿De dónde viene ese menosprecio a los Arieles? Menosprecio que antes me desconcertaba y que ahora me entristece. 

Proviene quizá del mismo menosprecio que el público siente por el cine mexicano en general. Y los conductores y locutores de medios y programas de espectáculos, son público, y están sujetos a los mismos prejuicios.

Esto por un lado. Otra causa es el desgaste que año con año sufren los premios por su propia naturaleza. Premiar es elegir, y elegir es exaltar una película en detrimento de otras. Este desgaste es muy corrosivo y ha afectado a la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC) a todo lo largo de su inestable historia.    

Conozco bien esa historia porque tuve la oportunidad de realizar una investigación sobre la historia de la AMACC y de sus Arieles, y de escribir un guión que muy pronto tendrá forma de programa y estará en la pantalla chica. 

Esta investigación me llevó a descubrir que los problemas que ha tenido la institución a lo largo del tiempo son siempre los mismos. Estos problemas reaparecen cíclicamente y se reducen básicamente a dos:

1) El cuestionamiento de la película ganadora, casi siempre bajo la acusación de que dicha película fue favorecida por razones mafiosas o por intereses particulares de la organización del premio, y no por su calidad.

                                                        "El Heraldo" Noviembre de 1984

2) Cuando la crítica especializada supone que no se consideró en las ternas alguna película que suponen tendría mayores méritos estéticos que las que compiten y ganan, por motivos mafiosos.

Aunque estas acusaciones nunca han tenido asideros en la realidad, han propiciado a lo largo del tiempo la revisión, ajuste y elaboración de nuevas reglamentaciones en los mecanismos de selección de las nominaciones y de elección de ganadores. Pero también, algunas veces han representado momentos cismáticos para la Academia.

El primer gran escándalo se dio en 1955 cuando ganó el Ariel de Oro “Los Fernández de Peralvillo” de Alejandro Galindo, un clásico Nacional. Pero la premiación causó gran molestia por parte de uno de los miembros fundadores de la Academia, la Asociación de Productores, ya que fue una película producida y elaborada por el Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica. Fue un reclamo clasista. A los productores les parecía injusto ser los motores de la industria nacional —según consideraban— y ver como se llevaban las palmas los trabajadores. El conflicto derivo en la escisión definitiva de la Academia, con el retiro de los periodistas y el consiguiente surgimiento de las Diosas de Plata de PECIME (Periodistas Cinematográficos de México); y el retiro de la Asociación de Productores. Lo que derivó en la extinción definitiva de la Academia en su primera etapa, en 1958.

La refundación de la Academia se debió a Luis Echeverría Álvarez en 1972. Para evitar la acusación de mafia que se premia a sí misma, que tanto daño le hizo a la AMACC en su primera etapa, en cada premiación se elegía a un nuevo comité organizador de los Arieles, y esto duró muchísimo años. 

Con todo y nuevo sistema, el segundo gran escándalo de los Arieles se da en 1989, cuando gana la presea “Esperanza” de Sergio Olhovich. El problema es que Olhovich era miembro del comité organizador, y elector. ¡Juez y parte! Evidentemente esto derivó en un cambio en la normatividad de tal forma que esto no pudiera volver a pasar. Es cierto que Olhovich no ganó solo con su propio voto. Pero como miembro del comité organizador, pudo tener una injerencia indeseable sobre sus colegas. Haya ocurrido o no, la simple sospecha ensucia este premio. Pero este penoso caso es excepcional y único en la historia del Ariel.  

Es visible para cualquiera que se meta a los diarios viejos a revisar la historia de la AMACC que los comités organizadores de los Arieles a lo largo de la historia SIEMPRE ACTUARON DE BUENA FE. Basta leer en cada momento escandaloso los argumentos defensivos de los miembros de la AMACC, con razones válidas y legítimas que explican los resultados. Además la circunstancia específica de cada premiación abarca problemas y complejidades inesperados, de difícil solución para cualquier comité organizador. 

Una excelente anécdota que puede ilustrar la complejidad de estas decisiones se dio en la la AMACC recién fundada en 1945. En la decisiva votación para Mejor Actuación Masculina se presentó un rotundo empate entre David Silva y su “Campeón sin Corona” y Pedro Armendáriz y su “Enamorada”. El director de la Academia en ese momento era Don Fernando Soler tomó una decisión controvertida: le dio el premio a David Silva, y le inventó una categoría a Pedro Armendáriz, por la "Actuación más Mexicana". Y más tarde cuando se voto mejor película ocurrió lo mismo: “Enamorada” gano el Ariel de Oro, y “Campeón sin Corona” una categoría llamada "La película más Mexicana". Nadie quedo contento con esta solución. Cuando esto ocurre hoy en día, se declara empate, se declaran a ambos ganadores y se entregan dos preseas. Pero Don Fernando Soler no tenía esos antecedentes.  

                                                                     "Esto" 1945

Probablemente una de las crisis más complejas se vivió en 1991, cuando resultó ganadora la película “Rojo Amanecer” de Jorge Fons. Evidentemente una película importante, por su tema;  con gran calidad cinematográfica, evidente; con méritos sobrados para ganar un Ariel y otros premios del ramo.

Pero tuvo la oposición de una campaña de prensa inédita en la historia de la AMACC y de los Arieles. Ya que en aquella ceremonia no figuro “Cabeza de Vaca” de Nicolás Echeverría, con guión de Guillermo Sheridan. Una película meritoria por supuesto, pero que no fue seleccionada por los electores del Comité Organizador de aquel año. A los electores simplemente no les convenció.

De aquella época leí artículos terriblemente críticos y rijosos en contra de la AMACC y de los Arieles, por parte de verdaderas instituciones de la crítica nacional como Tomás Pérez Turrent y Nelson Carro, entre otros. Como sabemos la élite cultural a la que pertenece Guillermo Sheridan pisaba —y pisa todavía— muy fuerte. A la distancia parece aquello más bien un pleito en la elite cultural.

                                                           "El Universal" Marzo de 1991

                                                                     "Tiempo Libre"1991

Este conflicto de fuerzas internas y externas se recrudeció los siguientes años hasta volverse insostenible. La acusación principal, era que los comités organizadores fueron conformados cada vez más por funcionarios del gobierno —NPI del cine— y productores con intereses creados. Se dijo que las películas premiadas tenían un perfil comercial, quedando a la orilla las producciones artísticas. Este pleito alcanzó su clímax cuando ganó en 1997 la película de Rafael Montero “Cilantro y Perejil”. 

                                            "Tiempo Libre" 6 al 12 de Mayo de 1993

                                                                           1994

                                                                           1995

Esta disputa —más política que real— culmina en 1998 con la tercera refundación de la AMACC. Se pasa de un modelo de organización de gremios representados, a un modelo de organización de “artistas” cinematográficos. Obviamente la idea o el espíritu del cambio era vencer los problemas que la Academia había tenido anteriormente con un modelo autogestivo, autoregulatorio.

Pero tras 17 años de la nueva configuración, los problemas que han surgido, han sido exactamente los mismos. En 2012 hubo otra campaña de prensa muy adversa cuando el comité de selección de los Arieles dejó fuera de competencia la película de Carlos Reygadas “Post Tenebras Lux”, con todos sus laureles internacionales. El director de la AMACC, Juan Antonio de la Riva, explicó muy bien para la revista Proceso http://bit.ly/1bR0GlL que los electores de la AMACC simple y sencillamente no votaron por la película. Los electores son directores de cine, actores, fotógrafos, diseñadores de producción, productores, etc., todos ganadores del Ariel. Y ellos no votaron por “Post Tenebras Lux”. Simplemente quedó fuera por razones democráticas. Pero el ataque mediático fue tremendo. El joven director Amat Escalante aseguró en 2012, en airada protesta que no iba a inscribir “Heli” a los Arieles. Pese a sus ataques insidiosos contra la AMACC, “Heli” se inscribió y Amat ganó el Ariel a mejor director en 2014. Quizá luego de ganarlo escupió sobre él y lo arrojó al bote de la basura. Pero podría apostar a que no, se le ve muy contento con él.

                                              Amat Escalante tras recibir su Ariel
                                              por Mejor Director 2014

Resumiendo: Las acusaciones a la AMACC de que es un grupo amafiado que premia a los cuates, es esencialmente falso y lo ha sido a lo largo de su historia. Los comités organizadores de los Premios siempre han actuado de buena fe.

Ciertas películas mexicanas meritorias, importantes, no han sido contempladas simple y sencillamente porque no han sido elegidas,  según el sistema de reglas de elección de nominaciones de su respectivo periodo. “Cabeza de Vaca” y “Post Tenebras Lux”, casos muy sonados, siendo obras cinematográficos valiosas, no son películas que unifiquen criterios. Son difíciles y complejas. “Para la inmensa minoría” diría Juan Ramón Jiménez.

Finalmente, al revisar la lista de ganadores de cada año, (Se puede consultar en la página de la Academia: http://www.academiamexicanadecine.org.mx ) desde 1946, resulta evidente  que siempre se han premiado películas meritorias, y algunas veces trascendentes. No hay una sola que no tenga méritos. Obviamente, los premios no TOTALIZAN LA PRODUCCIÓN ANUAL. Y siempre HUBO, HAY Y HABRÁ PELÍCULAS BUENAS O EXCELENTES que no ganan o que no compiten en los Arieles.

La revaloración del Cine Mexicano —el anhelado objetivo de llevar mexicanos a las salas de cine a ver cine mexicano— debe pasar por la valoración adecuada de sus instituciones, y de sus premios. Si se quiere apoyar al cine mexicano podría iniciarse dándole su justo valor a sus instituciones y a sus premiaciones.

                                          El Ariel de Oro, solo se entrega a la Mejor Película
                                          los demás Arieles que se entregan son de plata

Pongámonos serios. La AMACC es una institución con una gran historia y tradición. Una institución con pasado. El director que gana la presea a mejor director escribe su nombre y apellido junto al del Indio Fernández; el fotográfo, junto al de Gabriel Figueroa; la actriz junto al de María Félix.

La AMACC es un ejemplo de lo mucho que nos importa nuestro cine. Por qué es la institución que da reconocimiento a la producción nacional y a sus técnicos y artistas destacados. Y no hay otra, de esa dimensión y de esa importancia.

No son los Óscares. ¡Pero ningún premio del mundo es como los Óscares! ¡Ninguno! Los premios rusos, chinos, ucranianos, japoneses, sudafricanos de los que no sabemos nada en absoluto, no son tampoco los Óscares, pero son tan importantes como los Arieles porque expresan el valor que le da cada nación a su cinematografía. Los Arieles son un premio local. Y localmente muy importantes.

Como toda Institución, la AMACC jamás estará ajena a las grillas ordinarias, a los golpes de poder, a las presiones de las élites gremiales y culturales,  y a la transformación social. Como toda institución la AMACC estará permanentemente sujeta a críticas justas e injustas. No es perfecta, pero es suficiente y necesaria para la salud moral de nuestra cinematografía.

Por eso pienso que vale la pena romper una lanza por la AMACC y por sus Arieles, que son también y sobre todo NUESTROS ARIELES.

Luis F. Gallardo


19 de Abril 2015

jueves, 9 de abril de 2015

CRITICA A LA TETA DE BOTERO

Sobre “La Teta de Botero” y el cine con causa.

El pasado fin de semana tuve la oportunidad de ver el cortometraje “La Teta de Botero” por invitación directa de su realizador, el actor Humberto Busto. Es un cortometraje que reflexiona sobre un tema muy serio: el cáncer de mama.



Algunos médicos consideran esta afección una epidemia. En México es la segunda causa de muerte en mujeres entre los 30 y los 54 años de edad. Es un flagelo que no distingue condición socioeconómica,  étnica o cultural. El problema es que sólo el 10 por ciento de los casos se detecta en etapa 1, por las conocidas deficiencias de la Seguridad Social nacional. De toda la población femenina en México, solo el 40% tiene este beneficio, y si consideramos que se trata de una enfermedad de tratamiento costoso, podemos comprender porque es la segunda causa de muerte en mujeres en la edad madura en nuestro país. Pero también hay una tasa de supervivencia a costa de la extracción de los senos. Y la mayoría de las mujeres en México —y en el mundo supongo— no pueden pagar una reconstrucción… tienen que vivir así. Pero ¡Vivir! Esa es la clave.

Es cierto que no todas las mujeres veneran los senos. En un extraordinario ensayo sobre la mujer “Respuestas a una amiga” escribe Elena Poniatowska: 

“No me gustan los pechos. Las amazonas se cortaban el pecho derecho para tirar al arco sin estorbo. ¡Qué bendición la de las mujeres sin pechos! A Marie-Anne Poniatowka, mi prima bienamada, se lo cortaron muy joven y le dije que la envidiaba. ‘Estás loca’, se enojó. Hubo una época en que sí amé pechos y brasieres con ventanita porque amamantar a mis hijos fue padrísimo. Era padrísimo ver como a medio camino cerraban sus ojos y les ganaba el sueño, sus párpados iban cayéndose un poquito violetas al borde de las pestañas y me hacían sentir que hacía algo que de veras valía la pena.” http://www.nexos.com.mx/?p=14203

Pero, sea que la mujer venere sus senos o no. ¿Quién querría perder una parte de su cuerpo? Las mujeres que deciden vivir  con sus mastectomías, son realmente amazonas, guerreras de la vida. Y esta es la causa de “La Teta de Botero”. El corto, con sensibilidad, reflexiona sobre la supervivencia emocional de una mujer que ha pasado por el infierno de una doble mastectomía, y la contrasta con la supervivencia emocional de un hombre en crisis. Son dos personajes que han padecido procesos tanáticos, y combaten esa sombra con pulsiones eróticas, vitales.

Un canto a la vida.

Es metaficcional pues los sucesos que se han ficcionalizado y representado a través de unos personajes y un relato, les han ocurrido realmente a los actores, Humberto Busto y la primerísima actriz Patricia Reyes Espíndola. Amazona y luz de nuestro cine.


Trailer LA TETA DE BOTERO from HUMBERTO BUSTO on Vimeo.


Hay películas cuya causa es tan valiosa e importante como la obra misma, y yo soy muy fan de estas películas. Con mucho valor social. Es un cine mexicano que si vale la pena, aunque no gane los premios, ni tenga las mismas vitrinas que otros bodrios autistas, sin más causa que el snobismo intelectual o artístico de sus creadores.

Si quieres promover esta causa, y este cine, puedes comunicarte con Humberto Busto y solicitar una función, una charla o una conferencia. Eso lo leí en el BLOG del proyecto y me pareció una magnífica idea. Es una forma de militancia y de activismo que desconocen muchos cineastas mexicanos: 

El blog del proyecto:


Luis F. Gallardo

9 de Abril de 2015    

miércoles, 25 de marzo de 2015

CRÍTICA A GÜEROS

Güeros: lo que sí es y lo que no es.

“Güeros” llegó a la salas comerciales arrastrando un montón de premios internacionales de primer nivel, el premio Horizontes Latinos y el Premio a la Juventud del Festival Internacional de Cine de San Sebastian en su 62 edición, el Premio Especial del Jurado del American Film Institute 2014 (AFI FEST) en los Ángeles, y el premio a la Mejor Ópera Prima en la 64 Edición del Festival Internacional de Cine de Berlín, por mencionar los más importantes.  No es una película cualquiera, ni cualquier película: tiene su importancia. El público jóven la adora; la crítica —en general— la ha consentido bastante; tiene total apoyo mediático (con excepción de los Charros...).  Así que no necesita más elogios. Su calidad estética salta a la vista. Este blog es de análisis cinematográfico o pretende serlo. Así que vamos a darle perspectiva crítica al film de Alonso Ruizpalacios.



Sí. Cinematográficamente está bonita. La foto esta bonita. Quizá lo que más me gusta, de la parte meramente cinematográfica, sean las texturas sonoras y la edición de sonido. ¿Pero una estética “bonita”  arma una película? Es una buena discusión. Yo, al menos, no puedo desvincular la parte ideológica y de contenido de la parte estética. Para mí es un todo.  

La película emblemática del nini  tiene un título “Güeros”, e inicia con un epígrafe que hace referencia al mismo. En semiótica, la pareja título/epígrafe es considerada un indicador catafórico, esto quiere decir que aporta significación al texto desde el punto de vista de su lectura, o su interpretación. El título y el epígrafe mantienen una interacción o relación dialéctica con el texto, mientras que proyectan sentido al espectador. Este título de “Güeros” y su epígrafe son del tipo simbólico-alusivo, característicos de la narrativa contemporánea (del cine de arte), dotados de polisemia, o sea de multisignificación, y por lo tanto de complejidad.

Se desconoce el origen etimológico de la palabra güero, se piensa que puede provenir del ciboney “huereti” que significa amarillo, o del bable güeru. Es un adjetivo y un sustantivo muy utilizado en México que significa rubio. Simple y llanamente. No obstante su uso cotidiano revela la fuerza de un pasado colonial, donde el  güero es el criollo o el europeo. Por ejemplo,  lo utilizan los marchantes mestizos o indígenas para enaltecer a los clientes. En México al güero, al otro, se le trata diferente, es el consumidor, el pudiente, al que vale la pena servir. Es un epíteto servil. Es una percepción nacional, quizá equivocada, pero más o menos común, en donde los ricos son güeros mientras que los pobres son castizos. Y no se puede omitir esta circunstancia sociolingüística al analizar una película que lleva por título este sustantivo.

Pero esta palabra tiene un homófono, en desuso: “huero”, que se utilizaba para referirse a los huevos podridos. Pero la película no se llama hueros. Y por otro lado el maravilloso epígrafe en el que aparece esta acepción está en inglés. ¿Por qué el epígrafe está en inglés en una película mexicana?  Quizá porque está filmada para los festivales internacionales. Quizá porque está filmada para los paisanos del gabacho. Quizá porque esta filmada para los güeros que si pueden leer en inglés. En fin, es un hecho, el epígrafe está en inglés, y no lo pueden leer millones de paisanos. Entonces el espectador mexicano promedio leerá la película a través de su título y de sus percepciones sobre el mismo.

Hay varios juegos de significado en la película relacionados con la palabra, por ejemplo: el casete del rockero “qué pudo salvar al rock mexicano”, —no entiendo a qué se refiere, en mi opinión el rock mexicano gozaba en ese entonces y goza ahora de excelente salud, ¿Deberíamos entenderlo entonces como otro apunte antinacional, solo los güeros pueden hacer rock?— el dichoso casete se llama “Güeros”. Epigmenio Cruz nos suena a Jaime López, o a Rodrigo González, íconos de nuestro rock, pero no: el personaje está basado en Bob Dylan según palabras del propio realizador.

Hay un personaje en la película —Santos (Leonardo Ortizgris)— al que le molesta que le llamen güero, no explica por qué, pero se lo toma a mal, como si fuera discriminado. No obstante Sombra (Tenoch Huerta) llama nacos a los huelguistas en la asamblea. En Días de Guardar Carlos Monsiváis dice que naco: “dentro de ese lenguaje de discriminación a la mexicana, equivale al proletario, lumpenproletariado, pobre, sudoroso, el pelo grasiento y el copete alto, el perfil de cabeza de Palenque, vestido a la moda de hace seis meses, vestido fuera de moda. Naco es los anteojos oscuros a media noche, el acento golpeado, la herencia del peladito y el lépero, el diente de oro. Naco es el insulto que una clase dirige a otra”.

Ahí está: naco es el antónimo  de güero. No en balde Sombra hace mofa de Los Olvidados, de los niños lumpen de acento golpeado. Ambas palabras embonan perfectamente en una sociedad clasista, postcolonial. Y no termina ahí. Cuando Sombra habla de nuestro amado cine mexicano, que tanto trabajo nos cuesta prestigiar ante nuestro propio público, lo hace en estos términos: “Puto cine mexicano. Agarran unos pinches pordioseros [sic] y filman en blanco y negro y dicen que es cine de arte. Y los chingados directores, no conformes con la humillación de la conquista, todavía van al Viejo Continente y le dicen a los críticos franceses que nuestro país no es más que un nido de marranos, rotos, diabéticos, agachados, ratoneros, fraudulentos, traicioneros, malacopas, putañeros, acomplejados y precoces”. Sin comentarios. Hay quien considera esto gracioso.

El trato que da la película al movimiento de huelga 1999-2000 es negativo —una huelga que ganó la gratuidad en la UNAM. El título tiene un subtítulo: “Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción”. Obviamente es una ironía, ad hoc al género de comedia que tiene la película. Porque los jóvenes que vemos distan de ser revolucionarios de pensamiento, palabra u obra. Son más bien ninis, por causa de la “huelga de güeva”, como dice un desafortunado diálogo de la película. El lema/subtítulo va a aparecer en una pared en las escenas de la Asamblea del  CGH. La película crea la sensación de que el movimiento de huelga es superficial, de que “ser revolucionario es lavar las letrinas”. Ana (Ilse Salas), la única amiga "comprometida" con el movimiento, es el espíritu mismo de la falta de compromiso. Una güerita.

Quizá la escena más emblemática sea la de Sombra cuando va a su laboratorio a ver su proyecto de tesis echado a perder. Y es el último comentario editorial sobre las consecuencias del movimiento social. 

Ojo. Esto es perfectamente congruente con el contexto en el cuál la película fue ideada: en el contexto posthuelga (2000-2010) con una generación de jóvenes ferozmente apáticos, tema que ha sido objeto de diversos estudios académicos. Generación a la que pertenece Alonso Ruizpalacios, que da a su película la quintaesencia de su visión del mundo. Por ejemplo, un estudio del Instituto de Investigaciones Jurídicas y del Instituto Mexicano de la Juventud señalan como causas de esta apatía: 1) la falta de formación cívica 2) qué los jóvenes no ven a las acciones políticas como una alternativa efectiva para la solución de sus problemas 3) desencanto ante las estructuras políticas, ineficaces, ineficientes, corruptas e impunes 4) la desvinculación que hay entre los jóvenes y una ideología proactiva, como la que represento el ideario revolucionario de la Revolución Mexicana en su momento (http://biblio.juridicas.unam.mx/libros/7/3221/19.pdf ). Eso puede definir la actitud de los personajes de la película. Son ninis, no solo por su falta de trabajo y de estudios, sino principalmente por su falta de compromiso; por su abúlica indiferencia a su propia y desesperada situación. La total inacción apática.

Lo que sí es bastante fantoche es que la estrategia de medios de Alonso Ruizpalacios en esta semana de estreno, sea el de que “Güeros es una película que celebra la movilización de los jóvenes”.  ¡Ja! Para nada. Pero claro, es otro contexto, ahora tenemos jóvenes movilizados en todo el país, por muchas causas diferentes, con conciencia social. Y al director le apura comunicarse con esta nueva juventud, que no es la de su película. Ni la de su generación.

Porque la película que Ruizpalacios realizó pertenece  a un contexto que se ha desvanecido.

Es pues, testimonio de esa época en que los jóvenes posmo vagaban por el mundo, sin pena ni gloria, sin objetivos ni compromisos, sin identidad social e ideológica. Como sombra de sí mismos.  


miércoles, 11 de febrero de 2015

CRITICA A LAS OSCURAS PRIMAVERAS

Las Oscuras Primaveras al són de los testículos cantores

Envié a mis alumnos a ver “Las Oscuras Primaveras” (2015) de Ernesto Contreras. El sábado 31 de enero, les advertí que tenían escasos 4 días para verla, pues seguramente saldría de cartelera el siguiente jueves, como ocurrió. No por falta de calidad, ni de público, sino porque es mexicana. Salió de cartelera con salas llenas, como puede constatar cualquiera que la haya visto. 



Mis alumnos son aspirantes a la escuela de cine. Les advertí que tenían que ser mayores de edad para verla, por el alto contenido sexual de la película. El pasado sábado 7 de febrero platicamos sobre el film. Todos la vieron. La opinión general era positiva, a tres cuartas partes les gustó la película pero no podían decir por qué. A la cuarta que no le gustó, o no le convenció del todo, habló sobre dos problemas principalmente, el guión y el casting. 

Sobre todo el casting. Pero no el casting como tal sino José María Yazpik. En su opinión, no conocían plomeros con ese físico. Me hizo reír mucho este comentario, sobre todo porque en ese momento había un plomero en las instalaciones, que no se parecía nada a Yazpik. Yo les comenté que quizá tenían razón, pero que los actores habían hecho un trabajo muy destacado, incluyendo a ‘Chema’. Uno de mis alumnos cerró mi comentario diciendo: “Es que Ernesto Contreras es un gran director de actores”. 



Hay algo de verdad en la molestia de algunos de mis alumnos, pues la pretensión realista de la película se rompe con la presencia apolínea de Yazpik. Pero no es un problema del cine mexicano, sino del cine mundial, cuasi universal. Ironizan esta situación en “The Italian Job” de Gary Gray cuando se presenta Stella Bridger —una espectacular Charlize Theron— como técnica del cable. 

En cuanto al guión. El comentario más general —en el que coincidieron incluso aquellos a los que sí les gustó la película— fue que se trata de una historia que no cierra, demasiado abierta. De acciones sin consecuencia. Varios consideraron que Ernesto era un excelente director a pesar del guión. 

La crítica al guión de Carlos Contreras tiene algo de razón, pero depende del punto de vista. Es un guión que no tiene una estructura de conflicto central, que no sigue las pautas de los modelos convencionales de guión. De hecho tiene un conflicto estático, según las categorías de Lajos Egri: “Usted no puede esperar un conflicto creciente de un hombre que no quiere nada o no sabe qué es lo que quiere.” (Como escribir un drama, CUEC, 1986:91). Pero tampoco es un problema de esta película, el conflicto estático es casi la norma en buena parte del cine mexicano que se filma desde la crisis del cine nacional de los años ochenta. En otras palabras, es una estética. El guión es así por arte, no por defecto. Pero es un tema sujeto a polémica. 


El esperpéntico mexicano

De 1995 a la fecha se han filmado en México una cantidad estimable de películas, que ya forman un corpus, y que podríamos estudiar con criterios de género (o subgénero o como gusten llamarle) al que yo he llamado en un ensayo “el esperpéntico mexicano”. Apunto algunas de estas películas: “Obdulia” (1985) de Juan Antonio de la Riva; “Crónica de un desayuno” (1999) de Benjamín Cann; “Amores Perros” (2000) de Alejandro González Iñarritu; “Ciudades Oscuras” (2001) de Fernando Sariñana; “Japón” (2002) de Carlos Reygadas; “La mujer de mi hermano” (2005) de Ricardo de Montreuil; “Fecha de Caducidad” (2011) de Kenya Marqués, y un largo etcétera, hasta llegar a “Las Oscuras Primaveras” (2015) de Ernesto Contreras. 

Son películas muy distintas entre sí, pero también tienen muchos puntos en común. Es conocido que debemos el término “esperpento” a la estética del dramaturgo Ramón del Valle Inclán, es un estilo narrativo concebido como una deformación de la realidad que exalta sus aspectos más grotescos. Y así ocurre con estas películas. 

1) En el “esperpéntico” mexicano hay una estética aparentemente realista, pero en una realidad entramada con eventos posibles, y por lo tanto, que bordan en el melodrama al no tratar realmente lo cotidiano, sino lo extraordinario. El motivo posible más usual en estas películas es el “accidente”.   

2) Hay una mirada cínica, irónica, crítica, cruel de los directores hacía sus personajes. Construidos con rasgos caricaturescos sórdidos. Son demasiado pendejos, demasiado ingenuos, demasiado crueles, demasiado monstruosos, demasiado grises. 

3) Las relaciones sexuales en estas películas tienen implicaciones francamente criminales, trastornadas por pulsiones degeneradas, o demasiado sufridas, o culminan en situaciones trágicas o patéticas. En “Obdulia” es una violación sádica; “Crónica de un desayuno” inicia con la castración de un travesti; en “Amores Perros” la infidelidad fraterna; el pederasta de “Ciudades Oscuras”; la gerontofilia de “Japón”; la violación incestuosa de “La mujer de mi hermano”. (Yo repito una broma con mis alumnos, al decir que si alguno quisiera hacer una escena revolucionaria en el cine mexicano, que ponga a dos mexicanos teniendo sexo y disfrutándolo, sin ninguna consecuencia catastrófica).

4) Los personajes son de voluntad impotente, apáticos hasta la exasperación, de ahí la tendencia a los conflictos estáticos. Es quizá “Obdulia” —la película más sombría del grupo y la más vinculada a “Las Oscuras Primaveras”— el mejor ejemplo de protagonista inerte. Y cuando decide actuar lo hacer erradamente y paga terribles consecuencias. Por lo mismo son películas que tienen muchos momentos muertos, de ritmo semilento.


En el México grotesco, de “Las Oscuras Primaveras”, cuando un marido engaña a su esposa, será ésta la que morirá aplastada por su propia estupidez. O peor aún, por su propia nimiedad. 

La estética esperpéntica mexicana tiene más aceptación fuera de México, que en su mercado natural. Son obras muy exitosas en innumerables festivales internacionales. De ahí la pervivencia y franca salud del género. Se suma a este corpus “Las Oscuras Primaveras”, una película técnicamente lograda. Filmada en un nostálgico 35 milímetros, en una plástica fotográfica de film noir —de Tonatiuh Martínez— con actuaciones más que convincentes —Irene Azuela es un sol—, con un diseño de producción detallista, muy cuidado, semitonal. Muy adecuada resultó la musicalización minimalista de “Meme”. Su tema musical es magnífico: “...y no puedo parar” 



La sexualidad animal, explícita, rompe la mojigatería en la que ha recaído la cultura nacional de nuestros días, volcada en una primavera tan tuberosa como la de Vallejo: al son de los testículos cantores.
 
Luis F. Gallardo

11 de febrero de 2015

lunes, 2 de febrero de 2015

UNA ROLA IMORTAL DE LOUIS ARMSTRONG

Ahora que vimos en cine "Whiplash", volví a mis viejos albums de mi tocayo el gran Satchmo, Luis BrazoFuerte.





Ain't Misbehavin' la legendaria canción del gran Satchmo, es un himno a la alegría de vivir. 

Sin que exista traducción literal, porque se trata de un gerundio que no se puede construir en español, se podría traducir como "Sin sentirme mal" (Así lo traduje yo). La canción habla de un NINI, un cuate que está frente a los estantes sin pena ni gloria, pensando en su chica. 

Esta solo, pero no le importa, tampoco le importa que pase el tiempo, ni nada. Pues está salvando el amor.  

Según el sitio de Internet Jazz Standard Song and Instrumentals (de nuevo según traducción): 
"Ain't Misbehavin' de Fats Waller fue tocada por primera vez en Connie's Inn en Harlem en la inauguración de la Revista Musical negra, "Hot Chocolates". El musical tuvo tanto éxito que fue llevado a Broadway, inaugurando temporada el 20 de junio de 1929 en el teatro Hudson, ahí tuvo 219 funciones. En Connie's Inn Ain't Misbehavin' fue interpretado con número de apertura por Margaret Simms y Paul Bass, y más adelante por los Singers Hallelujah de Russell Wooding. En el teatro Hudson, fue también el número de apertura con los mismos interpretes, pero en el intermedio, en su debut en Bradway, Louis Armstrong tomó el escenario para interpretar Ain't Misbehavin'  en un solo de trompeta." (http://bit.ly/1AkkHLp)


Les dejo la letra y mi modesta y seguramente incorrecta traducción.
Ain't Misbehavin'
No one to talk with, all by myself
No one to walk with, I'm happy on the shelf babe
Ain't misbehavin', savin' my love for you
I know for certain the one I love
I'm through with flirtin', you that I'm thinkin' of
Ain't misbehavin'
Oh savin' my love oh baby, love for you
Like Jack Horner in a corner
Don't go nowhere and I don't care
Oh your kisses worth waitin' for, babe
I don't stay out late, don't care to go
I'm home about eight, me and my radio, babe
Ain't misbehavin'
Savin' all my love for you

Sin sentirme mal
No tengo con quién hablar
Solo conmigo
Ni con quién caminar,
Pero estoy feliz en el estante
Sin sentirme mal
Porque estoy Salvando mi amor por ti.
Yo se de cierto
Mi amor único
Que coqueteando
Solo contigo, pensándote
Sin sentirme mal
Estoy salvando mi amor por ti
Como Jack Horner en la esquina
No voy a ningún lado
Y qué me importa
Tus besos están esperando
Por creerme
No me importa esperar mucho tiempo
No me importa irme
Estaré en mi casa a las ocho
Solo yo y mi radio
Sin sentirme mal
Porque estoy salvando mi amor por ti

jueves, 29 de enero de 2015

CRITICA A WHIPLASH

El dilema de Whiplash

Es un poco extraño, sin embargo, que gran parte de mi identidad esté atada a una cosa completamente efímera. La música es intangible, existe sólo en el momento en que es aprehendida, pero aún así puede alterar profundamente nuestra manera de ver el mundo y nuestro lugar en él. La música puede ayudarnos a superar momentos difíciles de la vida, cambiando no solo cómo nos sentimos por dentro, sino también cómo sentimos todo lo que nos rodea. Es muy poderosa.
David Byrne
Cómo funciona la música

EL DILEMA Y LAS SINGULARIDADES

Las películas que conectan la música con el lenguaje cinematográfico expresivamente son mágicas. Y “Whiplash” de Damien Chazelle, graba su nombre en esa larga lista de piezas cinematográficas de Cine Total (como lo concebía André Bazin). Comenzando con la extraordinaria  “Glass” de Bert Haanstra, cuyo montaje rítmico, al son del jazz, evoca Whiplash en los momentos orquestales.   



Su singularidad más entrañable, deviene en la rareza de tratar un instrumento y a un instrumentista muy poco tratado en el cine de ficción: batería y baterista.

El dilema que plantea la película (y que no resuelve en mi opinión) es interesante: ¿Una educación tiránica (como la que abunda en las artes) puede formar mejores artistas que la educación ortodoxa? El dilema se encarna en la confrontación del alumno Andrew Neimann (Miles Teller) con el prestigiado catedrático Terence Fletcher (J.K. Simmons), quién, para justificar sus métodos draconianos narra una anécdota sobre el músico Charlie Parker, quién presuntamente, a partir de un correctivo que pudo acabar con su vida, se transformó en la leyenda que fue. La anécdota va y viene a lo largo de la película, con argumentos y contra argumentos, sin hallar una síntesis satisfactoria.




Mientras tanto los espectadores ‘gozamos como enanos’ de la música, —y vaya gozo— y compadecemos el bullying despiadado que sufre Andrew, abuso que alcanza su paroxismo en una escena que es pura poesía cinematográfica (como la concebía André Bazin, nuevamente), uno de esos momentos de lucidez fílmica única, de verdadero arte.  Si les digo cuál es esa escena, les arruino la película, así que… tendrán que descubrirlo por ustedes mismos.

EL DILEMA Y LAS CORRESPONDENCIAS

Otras películas sobre músicos, han tratado el dilema de Whiplash. Hay una película de Spike Lee, “Mo’better blues” (1990), absolutamente genial, que toma una postura. 



El niño Bleek Gilliam (interpretado ya de joven por Denzel Washington) sufre una educación tiránica, consistente en horas y horas, días y días, de práctica interminable de la trompeta, pues sus padres anhelan que Bleek sea una estrella del jazz. Así que, mientras los demás niños del barrio juegan y se divierten, y crecen, y tienen novias, y viven la vida, Bleek vive con su trompeta, come con su trompeta, y duerme con su trompeta. Craso error. Al final Bleek no se transforma en un jazzista famoso. Y cuando tiene un hijo, en la escena clave de la película, le quita la trompeta y lo deja salir a jugar con los demás chicos. La vida no es solo música. La educación, por más estricta o brutal que sea, no puede predeterminar el flujo de la vida.



Spike Lee filmó la película como una respuesta a “Bird” de Clint Eastwood. Así es, el biopic de Charlie Parker. Para Spike Lee, “Bird” es una película de blancos burgueses de california, llena de clichés sobre los jazzistas negros, que en las películas WASP siempre son presentados como tipos decadentes, autodestructivos, adictos a las drogas. Estos clichés le molestaban a Spike porque su papá era un jazzista prestigiado, lejos del estereotipo, buen hombre y padre de familia.

El dilema se complejiza cuando se plantea ¿Qué tanto influye realmente la educación y que tanto el propio carácter del aprendiz? ¿Quizá Fletcher no es un maestro iluminado sino más bien un soberano cabrón? ¿Fue Charlie Parker lo que fue, por su formación o por su talento? Chazelle no nos responde esa pregunta tampoco. Nos deja la duda. Pero esta ambigüedad es absolutamente brillante, pues en realidad, el dilema no tiene solución. Es relativo.

Cheng Lon (mejor conocido en occidente como Jackie Chan) fue matriculado en la Academia de la Ópera de Pekin en 1961, con apenas 7 años de edad. La brutalidad de los métodos educativos de la Academia de la Ópera de Pekin son legendarios, y hubieran hecho palidecer al mismísimo Dracon de Tesalia. Si un alumno fallaba en alguna suerte acrobática, por ejemplo, en castigo la repetía por horas. Llegaban a trabajar 20 horas por día, en una obsesión por la perfección técnica. Jackie estuvo ahí 10 años. Egreso en 1971. Y aquí se complejiza el dilema: por supuesto sin esta formación moral, mental y física, Jackie Chan no sería Jackie Chan. Pero… sólo hay un Jackie Chan. Muchos tuvieron la misma formación pero solo hubo un Jackie.  

El gran Satchmo, uno de mis ídolos musicales, aprendió a tocar la trompeta en el reformatorio y en los burdeles. Y con esta formación rupestre pudo ser uno de los músicos más importantes e influyentes de la primera mitad del siglo XX. Su nombre era Louis Armstrong.  Y aunque Terence Fletcher también lo menciona como uno de sus íconos, por supuesto no lo pone de ejemplo. De hecho es el contra ejemplo perfecto.

Quizá, al final, la educación es como la música, según David Byrne, efímera e intangible,  “puede alterar profundamente nuestra manera de ver el mundo y nuestro lugar en él (…) puede ayudarnos a superar momentos difíciles de la vida, cambiando no solo cómo nos sentimos por dentro, sino también cómo sentimos todo lo que nos rodea. Es muy poderosa.” Como la música, como el cine, y como “Whiplash”.

Luis F. Gallardo


28 de Enero de 2015