jueves, 29 de enero de 2015

CRITICA A WHIPLASH

El dilema de Whiplash

Es un poco extraño, sin embargo, que gran parte de mi identidad esté atada a una cosa completamente efímera. La música es intangible, existe sólo en el momento en que es aprehendida, pero aún así puede alterar profundamente nuestra manera de ver el mundo y nuestro lugar en él. La música puede ayudarnos a superar momentos difíciles de la vida, cambiando no solo cómo nos sentimos por dentro, sino también cómo sentimos todo lo que nos rodea. Es muy poderosa.
David Byrne
Cómo funciona la música

EL DILEMA Y LAS SINGULARIDADES

Las películas que conectan la música con el lenguaje cinematográfico expresivamente son mágicas. Y “Whiplash” de Damien Chazelle, graba su nombre en esa larga lista de piezas cinematográficas de Cine Total (como lo concebía André Bazin). Comenzando con la extraordinaria  “Glass” de Bert Haanstra, cuyo montaje rítmico, al son del jazz, evoca Whiplash en los momentos orquestales.   



Su singularidad más entrañable, deviene en la rareza de tratar un instrumento y a un instrumentista muy poco tratado en el cine de ficción: batería y baterista.

El dilema que plantea la película (y que no resuelve en mi opinión) es interesante: ¿Una educación tiránica (como la que abunda en las artes) puede formar mejores artistas que la educación ortodoxa? El dilema se encarna en la confrontación del alumno Andrew Neimann (Miles Teller) con el prestigiado catedrático Terence Fletcher (J.K. Simmons), quién, para justificar sus métodos draconianos narra una anécdota sobre el músico Charlie Parker, quién presuntamente, a partir de un correctivo que pudo acabar con su vida, se transformó en la leyenda que fue. La anécdota va y viene a lo largo de la película, con argumentos y contra argumentos, sin hallar una síntesis satisfactoria.




Mientras tanto los espectadores ‘gozamos como enanos’ de la música, —y vaya gozo— y compadecemos el bullying despiadado que sufre Andrew, abuso que alcanza su paroxismo en una escena que es pura poesía cinematográfica (como la concebía André Bazin, nuevamente), uno de esos momentos de lucidez fílmica única, de verdadero arte.  Si les digo cuál es esa escena, les arruino la película, así que… tendrán que descubrirlo por ustedes mismos.

EL DILEMA Y LAS CORRESPONDENCIAS

Otras películas sobre músicos, han tratado el dilema de Whiplash. Hay una película de Spike Lee, “Mo’better blues” (1990), absolutamente genial, que toma una postura. 



El niño Bleek Gilliam (interpretado ya de joven por Denzel Washington) sufre una educación tiránica, consistente en horas y horas, días y días, de práctica interminable de la trompeta, pues sus padres anhelan que Bleek sea una estrella del jazz. Así que, mientras los demás niños del barrio juegan y se divierten, y crecen, y tienen novias, y viven la vida, Bleek vive con su trompeta, come con su trompeta, y duerme con su trompeta. Craso error. Al final Bleek no se transforma en un jazzista famoso. Y cuando tiene un hijo, en la escena clave de la película, le quita la trompeta y lo deja salir a jugar con los demás chicos. La vida no es solo música. La educación, por más estricta o brutal que sea, no puede predeterminar el flujo de la vida.



Spike Lee filmó la película como una respuesta a “Bird” de Clint Eastwood. Así es, el biopic de Charlie Parker. Para Spike Lee, “Bird” es una película de blancos burgueses de california, llena de clichés sobre los jazzistas negros, que en las películas WASP siempre son presentados como tipos decadentes, autodestructivos, adictos a las drogas. Estos clichés le molestaban a Spike porque su papá era un jazzista prestigiado, lejos del estereotipo, buen hombre y padre de familia.

El dilema se complejiza cuando se plantea ¿Qué tanto influye realmente la educación y que tanto el propio carácter del aprendiz? ¿Quizá Fletcher no es un maestro iluminado sino más bien un soberano cabrón? ¿Fue Charlie Parker lo que fue, por su formación o por su talento? Chazelle no nos responde esa pregunta tampoco. Nos deja la duda. Pero esta ambigüedad es absolutamente brillante, pues en realidad, el dilema no tiene solución. Es relativo.

Cheng Lon (mejor conocido en occidente como Jackie Chan) fue matriculado en la Academia de la Ópera de Pekin en 1961, con apenas 7 años de edad. La brutalidad de los métodos educativos de la Academia de la Ópera de Pekin son legendarios, y hubieran hecho palidecer al mismísimo Dracon de Tesalia. Si un alumno fallaba en alguna suerte acrobática, por ejemplo, en castigo la repetía por horas. Llegaban a trabajar 20 horas por día, en una obsesión por la perfección técnica. Jackie estuvo ahí 10 años. Egreso en 1971. Y aquí se complejiza el dilema: por supuesto sin esta formación moral, mental y física, Jackie Chan no sería Jackie Chan. Pero… sólo hay un Jackie Chan. Muchos tuvieron la misma formación pero solo hubo un Jackie.  

El gran Satchmo, uno de mis ídolos musicales, aprendió a tocar la trompeta en el reformatorio y en los burdeles. Y con esta formación rupestre pudo ser uno de los músicos más importantes e influyentes de la primera mitad del siglo XX. Su nombre era Louis Armstrong.  Y aunque Terence Fletcher también lo menciona como uno de sus íconos, por supuesto no lo pone de ejemplo. De hecho es el contra ejemplo perfecto.

Quizá, al final, la educación es como la música, según David Byrne, efímera e intangible,  “puede alterar profundamente nuestra manera de ver el mundo y nuestro lugar en él (…) puede ayudarnos a superar momentos difíciles de la vida, cambiando no solo cómo nos sentimos por dentro, sino también cómo sentimos todo lo que nos rodea. Es muy poderosa.” Como la música, como el cine, y como “Whiplash”.

Luis F. Gallardo


28 de Enero de 2015

viernes, 23 de enero de 2015

CRITICA A BOYHOOD DE RICHARD LINKLATER

Sobre las “Historias Verdaderas”

Ayer lloré con un relato. Ayer. 22 de enero de 2015. Por la mañana tomé un libro de Paul Auster “El cuaderno rojo. Historias verdaderas” (Seix Barral, Planeta, Booket 2012). Lloré con el relato número 9. Entre la página 47 y la 53. Llore, conmovido, con un relato de 7 cuartillas. Auster compone un libro con relatos que ha compilado de la vida. Relatos de cotidianidades. Hasta de chismes. Pero Auster sabe focalizar los asombros de lo rutinario. De hecho lo hace de manera extraordinaria.  



Y por la tarde vi “Boyhood” de Richard Linklater. A Paul Auster le encantaría este contraste de azar, por la mañana leí su libro de “Historias Verdaderas” y por la tarde vi una película cuyo subtítulo es “Momentos de una vida” que trata también de historias verdaderas. ¡Ja! Pero el contraste fue desafortunado.

“Boyhood” es una película abúlica. A los 20 minutos de película me di cuenta que no iba a ningún lado. La sensación de deriva me mantuvo exasperado las siguientes dos horas y media.
La película nos muestra diversos momentos en la vida de una familia de padres divorciados, a lo largo de 12 años. Y la gracia de la película es que fue filmada realmente a lo largo de esos 12 años. La historia de la familia es narrada desde el punto de vista del protagonista, un niño-adolescente-joven llamado Mason, interpretado esos 12 años por Ellar Coltrane.  



La película parte de una idea audaz, en materia experimental, de seguir la vida de una familia a lo largo de 12 años. Pero desafortunadamente, lo único audaz fue la idea y lo único que avanza a lo largo de 12 años, es la edad de los intérpretes. Porque la película no avanza a ningún lado. Carece de entramado. Es una serie de episodios de la vida, un álbum familiar filmográfico, en general carente de interés.

Quizá trata de eso, la vida es así. Es inane. Señor Linklater, eso ya lo sabemos, por eso leemos novelas, historietas, escuchamos música, practicamos deportes, apreciamos espectáculos,  VAMOS AL CINE, para darle sentido a la vida, huyendo de ella, en cierta forma (o de sus aspectos más burdos y rutinarios).

Al terminar la película no pude evitar compararla con el libro que había leído por la mañana, que tiene una propuesta estética interesante, sustentada en la teoría del azar, donde cada relato, mini relato y micro relato posee la magia de la vida, aunque sea absurda, aunque narre simplemente como un sujeto pierde una moneda en la acera.

El esfuerzo de filmar una película durante doce años, simplemente porque es una idea genial, porque va a transcurrir la vida y la veremos transcurrir en el desarrollo vital de los actores, es baladí. Es snobismo intelectual.  Es autismo artístico. Lo es sin una idea rectora, una premisa, un discurso. 

La vida familiar, social, humana, específica, rutinaria, transcurre en “Cuentos de Tokyo” de Yasujiro Ozu, quizá, como en ninguna otra película de la historia del cine. Fue filmada en 1953, en un lapso no mayor a ocho semana, quizá en cinco semanas. Y es profundamente conmovedora y significativa, dramática y trascendental. Eterna. 




Lo mismo pasa con un relato de siete cuartillas de Paul Auster, que puede leerse en cinco minutos… y con eso... resonó en mí. 

Sin embargo “Boyhood”, que se filmó durante 12 años, lamentablemente, es una película perfectamente olvidable. 

sábado, 6 de septiembre de 2014

MI TOP TEN SODA STEREO

Estas son mis canciones favoritas de Soda Stereo. Me gustan muchas más canciones de Soda, como "Nada Personal", "Cuando pase el temblor", "Azulado", "Persiana Americana", "Un millón de años luz", "Entre caníbales", etc. Pero estas... están una rayita encima, en mi espíritu.




1.- Danza Rota (Letra: Gustavo Cerati)

https://www.youtube.com/watch?v=oOz04FVkEWQ


2.- Sobredosis de TV (Letra: Gustavo Cerati)

https://www.youtube.com/watch?v=oUy9cEoydfs 


3.- Corazón Delator

https://www.youtube.com/watch?v=Dm949DddVos


4.- Juego de Seducción: (Letra: Gustavo Cerati)

https://www.youtube.com/watch?v=Jd5-a5Nvro0


5.- Profugos (Pero la versión del albúm "Ruido Blanco")
(Letra: Gustavo Cerati)

https://www.youtube.com/watch?v=9vAreHkZRe0

Y como suena aquí:

https://www.youtube.com/watch?v=VdJldp0YTzs


6.- Signos (Letra: Gustavo Cerati)

https://www.youtube.com/watch?v=vNKUDiA2YQE


7.- No existes (Letra: Gustavo Cerati)

https://www.youtube.com/watch?v=m_g7UvW8CEc

Una versión más ROCKERONA

https://www.youtube.com/watch?v=C6BD_SZDLjs


8.- Ciudad de la furia

https://www.youtube.com/watch?v=ROl_gUS8UWM


9.- Ella uso mi cabeza como un revolver

https://www.youtube.com/watch?v=0YsTmk8jb20


10.- Música Ligera

https://www.youtube.com/watch?v=-XIeMp4zQC4


MEJOR COVER DE SODA (PARA MÍ)

"Tratame Suavemente" (Estupenda canción de "Los Encargados")

VERSION SODA STEREO

https://www.youtube.com/watch?v=xXD_IEcZbMI

ORIGINAL DE LOS ENCARGADOS

https://www.youtube.com/watch?v=iUDHBF_W6Hk


MEJOR FT DE CERATI

"Ciudad de pobres corazones" con Fito Paez (otra canción extraordinaria).
Chequen el virtuosismo de Cerati en la guitarra.

https://www.youtube.com/watch?v=n0IYt-c2Sps


jueves, 20 de febrero de 2014

CONSECUENCIAS DEL NUEVO CUEC


Pues bien, la UNAM publicó oficialmente la Licenciatura en Cinematografía. Puede consultarse en:

http://oferta.unam.mx/carreras/98/cinematografia



Esto que es causa de enorme orgullo y alegría, (me siento alegre y orgulloso) tiene su lado oscuro, su lado malo.

Resulta que para ingresar al CUEC tienes que ganar un lugar en ciertas carreras de la UNAM. Obviamente esto abre la puerta a los pases reglamentados, o automáticos, como les llamaba la prensa. Pues con una plaza en una de las carreras listadas en la convocatoria, tiene derecho a presentar examen al CUEC.

Pero reduce las posibilidades reales para CIENTOS DE CHICOS que no estudiaron la prepa en la UNAM. Como sabemos la probabilidad de quedarse en la UNAM, cuando es alta es del 2%. En otras palabras 2 de cada 100 aspirantes a la UNAM (no reglamentados) ingresa. De hecho algunas de las carreras listadas, admiten muy pocos alumnos por vía de EXAMEN al año. En la carrera de Literatura Dramática y Teatro, son menos de 14. Y más de 400 aspirantes.

Esto practicamente MARGINA POR COMPLETO A MEXICANOS DE TODA LA REPÚBLICA MEXICANA, y también a los extranjeros que tradicionalmente aspiraban a nuestra alma matter. A menos que sean CASI GENIOS o MEMORIOSOS, pues los promedios que ingresan a la UNAM por EXAMEN, casi siempre están por encima de un 90% de aciertos, para ocupar los pocos lugares que dejan los REGLAMENTADOS o AUTOMÁTICOS.

Será un nuevo CUEC. Definitivamente. Endogámico. Más chilango, quizá menos diverso.

Por supuesto, otra consecuencia vendrá cuando el CCC cierre su convocatoria este años con más de 700 aspirantes. Allá van a ir a parar.

¿Es justo? Es justo que exista ese nivel de marginación. Para mí, no. Para mí la reglamentación está mal pensada, mal diseñada. Recuerdo a mi maestro Alfredo Joskowicz y a Mitl Valdez, comentar en algún momento, que cuando el CUEC  fuera Escuela no podía admitir pases reglamentado. Y sí, no los va  admitir directamente. PERO LOS PASES REGLAMENTADOS LLEVAN TODAS LAS DE GANAR CON ESTA CONVOCATORIA. ¿Ironías de la historia? En fin. Al tiempo.

Luis F. Gallardo

sábado, 4 de enero de 2014

DIANA de Oliver Hirschbiegel

Sobre Diana: ¡Qué bueno que no fui lady Di!

Pasó sin pena ni gloria por la cartelera una estupenda película. Diana (2013) de Oliver Hirschbiegel, un magnífico director alemán, responsable de esa JOYA llamada “El experimento” (Das experiment, 2001). No parecía el mejor momento para un tema que tiene 15 años de retraso —por lo menos—, pero estamos en un nuevo apogeo del Biopic. Este año vimos muchísimos Biopic, de todos sabores y colores: la de Lincoln, la de Linda Lovelace, la de Jobs, y hasta la de un mayordomo de la Casa Blanca, etc. En ese contexto, revivir a Diana es coherente con el mercado mundial. La película narra los últimos años de Diana de Gales, Lady Di. La canción de Gloria Trevi le queda pintada a esta película.



Lejos de los trastornos o convencionalismos del género, la película puede leerse como una historia de amor imposible, bastante bella. El guión es fenomenal. Habría que poner al chafísima guionista de Jobs —un chamaco llamado Matt Whiteley— a copiar cien veces el guión de Diana. Pero claro, Diana la escribió un viejo dramaturgo inglés con más tablas que una carpintería, Stephen Jeffreys, responsable también del guión de la interesante The Libertine (2004) de Laurence Dunmore, basada en un libreto teatral del mismo Jeffreys. Explorando el tortuoso romance de Diana con un médico Pakistaní, pinta estupendamente al fenomenal personaje de cuerpo completo. En Jobs, tontamente trataron de pintar al personaje a lo largo de su vida, nació en tal lado, creció en tal otro, estudio esto, desarrolló lo otro, murió así, etc. Y no logran ni por asomo un buen retrato. En Diana centrándose apenas en un detalle de su vida, pum: de cuerpo completo. La parte por el todo. Eso es cine de primera.



Y Naomi Watts es otra de mis veneradas diosas. Está increíble. Me encantó que el director decidiera no utilizar maquillaje para hacerla más parecida físicamente a la princesa. Por el contrario, en el universo de la película, todos los props, los periódicos, las noticias, los carteles, etc., en todos aparece Naomi… como Diana, la actriz se apodera del personaje desde adentro. Irradia a Diana. 



Un trabajo histriónico de mucha clase y sensibilidad. Me recuerda al Malcolm X de Denzel Washington. Otro dios. En fin. Buena película. ¿Por qué fracasó? ¿Saben por qué? Porque la programaron en las dos peores semanas del año. Semanas, que históricamente, tienen ocupación de salas de menos del 10%. Las dos semanas antes de las fiestas de la natividad. Es decir, los distribuidores y los productores la tronaron —ex profeso, o sea, adrede— con una muy mala programación. ¿Por qué? Es una coproducción Europea —no hay lana gringa pues— y como tal, entra de relleno, y le tocó entrar de relleno en la peor época del año. Y luego dicen que los gringos ya no son gandallas con los cines extranjeros. ¿No?      


Última reflexión: Qué bien se siente saber que estas gentes poderosas también sufren los sinsabores de la vida cotidiana. Como que estos dramas alimentan nuestro morboso rencor social. Recientemente vimos a Obama en el OSO de la década, cuando su mujer le hacía escenas, pucheros y jetas, exhibiéndolo mundialmente. En la película vemos como a la mismísima Diana de Gales —por cierto heredera legítima al trono de la corona ingresa, o sea pudo haber sido REINA de Inglaterra, ¡así!— la corre su amante, —un pelagatos— de un depa de interés social. Uta. ¡Qué chido! Y qué momento cuando Diana le grita a su Khan, —así se apellida el doctor no sean malpensados— que ella tiene el amor de miles, quizá millones, pero no el amor que ella quiere…  Remember Rosebud. ¡Qué bueno que no fui lady Di!

Luis F. Gallardo

05 Enero 2014

viernes, 20 de diciembre de 2013

EN LA CASA

En la casa… cine-literatura

I. La crítica específica

El cine y la literatura nunca han sido los mejores amantes. Por ello, es notable lo que logra Francois Ozon en su película Dans la maison (En la casa) 2012. En la era de la intertextualidad posmoderna, centra la película en torno al óntico literario (sobre lo óntico esta bueno este artículo http://biblio.juridicas.unam.mx/libros/3/1056/18.pdf ). 



Una película llena de reflexiones estéticas —no solo literarias— profundas, bien integradas a un discurso fílmico ameno y entretenido. Incluso divertido. Profundidad que quedó frustrada en Adaptation (El ladrón de orquídeas) 2002 de Spike Jonze, en donde la reflexión queda aplastada por el autoimpuesto y forzado modelo joligudense. Ozon —sin concesiones— lleva su idea a límites interesantes, en las que juega con las expectativas del espectador, pero también de los personajes que son al mismo lectores y espectadores imaginarios, en este juego metaficcional, cervantino, tan sobado en nuestra era pusmoderna. Para todo público, adulto, estudiado. Pero la disfrutaran más los entendidos.

II. La reflexión estética

El cine y la literatura nunca han sido los mejores amantes. Según la crítica cinematográfica tradicional, y tomando por los pelos la opinión pública común, la obra literaria es superior, y por mucho, a la película. Hay algo de razón en ello. De las decenas de adaptaciones —animadas, televisivas y fílmicas— que se han hecho de “El señor de los anillos” de Tolkien —las mejores son las películas de Peter Jackson en sus versiones extendidas— ninguna en mi opinión se acerca al nivel artístico de la extraordinaria saga literaria de Tolkien. Por el contrario excepcionalmente obras literarias, malas o mediocres, han terminado en extraordinarias películas: “Ben Hur” (1959) de William Wyler, sería el mejor ejemplo. David Lean, John Huston y Stanley Kubrick consiguieron películas que están a la altura de sus fuentes literarias o las superan (de Huston les recomiendo muchísimo “The man who would be king” 1975 El hombre que sería Rey https://www.youtube.com/watch?v=rNb6SxXcD7g , con estos parámetros diríamos que muy superior al cuento de Rudyard Kipling). Pero son casos harto excepcionales.

No concuerdo con estas apreciaciones que ponen en competencia experiencias tan disímiles como la experiencia literaria y la experiencia cinematográfica. En realidad estamos frente a un sofisma crítico. Cada experiencia estética, artística, debe aportar lo suyo. No podríamos decir que “El Quijote” de Cervantes, es superior a “El Quijote” de Richard Strauss, fenomenal poema sinfónico del maestro modernista https://www.youtube.com/watch?v=5BAB9eodo5E . Simplemente porque la música no puede transmitir lo que transmite el libro. Obvio. Transmite otra experiencia. No hay punto de comparación. Tampoco en el arte literario y cinematográfico. Al cine lo que es del cine y al libro lo que es del libro. Ir a ver una película con la obra literaria en el pensamiento conduce siempre a la decepción, aunque ambas experiencias sean satisfactorias. El deseo de que la película sea idéntica al libro —ansilaridad— conduce a un shock, lógico pero injustificado. A mí me pasa lo contrario. En lo personal deteste el “Harry Potter” fílmico, simplemente porque era demasiado idéntico a las novelas. Era como ver pasar en limpio. Siempre que un autor literario mete demasiado sus narices en lo fílmico echa algo a perder. Por cierto algunos de los “Harry Potter” fílmicos son películas aburridísimas, y prescindibles. Ok, la de Cuarón no, ni la primera.

La obra literaria debe utilizar sus recursos expresivos, y la cinematográfica los suyos. La mejor película de la saga “Crepúsculo” es sin duda “Amanecer Parte 2”, debido a que alguien en la producción —guionista, director o productor— tomó la decisión de olvidarse del libro para que la película proporcionara una experiencia cinematográfica más emotiva que sus antecesoras. Y lo logra.      

Hay que abatir esa competencia injusta. Cuando el artificio artístico rebasa los límites de una técnica artesanal, formulista, académica o comercial; cuando raya en la genialidad, cuando hay arte propiamente dicho, sea literatura, pintura, música o cinematografía, cada forma artística es seductora, a su manera… y así nos enamora, nos conquista, nos hace el amor. Si las obras se citan, se evocan, se reinterpretan, se escupen, saltando de una forma artística a otra, no deberíamos ver la cita, la evocación, la reinterpretación, la invectiva: debemos apreciar la obra en sí. Muerte al juicio intertextual.

Luis F. Gallardo


20 de diciembre del 2013

jueves, 5 de diciembre de 2013

CAPTAIN PHILLIPS: ¡No te metas con los gringos!

Capitán Felipez o ‘no te metas con los gringos’

OJO, ADVERTENCIA: SPOILER. En esta crítica HAY RESEÑA DE LA PELÍCULA. Si no quieres conocer la trama de la misma, lee la crítica después de ver la película.

Trato de recordar algún blockbuster norteamericano en el cuál no aparezca la marina, el ejército, la CIA, el FBI, la policía local o regional gringa, en la cuál no se exalte el poderío americano. Desde Jackie Chan dando karatazos junto a un afro police man de L.A., hasta los Transformers 1,2,3,4, (símbolo infinito) Batman Asciende, los Titanes del Pacífico, Avatar, y un larguísimo etcétera. La metáfora del poderío y la capacidad militar americana es avasallador. Yo si me lo creo.  

Captain Phillips (2013) Paul Greengrass, carga con el lastre de la paranoica ideología americana post september 11. Un mundo donde –citando al señor Bosque- les cayó la noche.

Y cuándo despertaron el terrorismo estaba ahí. Un espejo de su propia rapacidad. Como bien nos mostro Ken Loach http://bit.ly/1eTvNZD

La hiper –e hipster-  paranoia gringa ha propiciado una exuberante producción de discursos donde exploran su miedo “al otro”, desde el narco –y naco- mexicano “Breaking Bad” et al, la infiltración del islamismo radical “Homeland” (hoy día en su 3ª temporada, transformada en vil telenovela de Televisa) et al, y ahora con “Captain Phillips” la miseria africana (en representación de la miseria tercermundista mundial, México incluido), en esa tarada percepción simplista, de que la pobreza propicia la delincuencia. Cabe decir que Capitán Felipez es un melodrama bastante convencional. De buenos y malos. De policías y ladrones.



Pero la película nos da una lección, más que sobrada de lo que sucede cuando un pobre diablo, un Pito Pérez, un Smith, un nobody, un loser, un raterillo de tercera, se mete con cualquier American Citizen. ¡Ay de nuestros Policías Federales si hubieran despachado al más allá a los agentes gringos en Tres Marías! De mínimo les hubieran mandado unos diez drones de comandos dirigidos por La Roca y les hubieran dado unos toques en los destos… (eso, si los educados y amables polis nacionales, no se los dieron de todos modos… nomás de cale).

Es verdad, Capitán Felipez está basada en una historia real. Pero la realidad es la realidad, y la narrativa es otro costal. La narrativa es discurso. Y todo discurso es ideológico. Y aquí lo ideológico es muy chocante.

Capitán Felipes narra la historia del homónimo, un clasemediero de Alabama, con esposa e hijos, quién dirige un carguero que lleva ayuda humanitaria al Continente Negro. O sea, bondadosos gringos serán azotados por la desgracia, como dicta el canon melodramático. Y la desgracia viene pintada de NEGRO. Y sí, les caen encima cuatro piratas somalíes… o sea, negros. Aquí la cuestión racial es ineludible. Desde siempre los gringos WASP han tenido en sus pesadillas a una horda de negros salvajes emboscándolos para… ‘patearles’ sus blancos traseros: desde la fundacional “El nacimiento de una nación” de Griffith, hasta “El navegante” de Buster Keaton —donde la nave también es asaltada por una tribu africana—, y un sinfín de películas donde el mal es NEGRO NEGRÍSIMO, casi como el betún de chocolate.  

Pues aquí se repite. Aquí los malos son también una horda de negros. Y negros sucios, feos y malos, de malolandia —diría el Jairo—, contra gringos güeros, grandotes, trabajadores y re bien alimentados. En fin. 



Los negros son malos hasta para el delito. Son piratas de tercera. Todo les sale mal y terminan varados en un botecito con treinta mil dólares de botín y el Capitán Felipez como rehén. Aquí se pudieron haber ahorrado una hora de película porque uno ya sabe lo que les va a ocurrir a estos pobres pescadores somalíes. Hasta el Capitán Felipez lo sabe. Cuando viene la caballería gringa… ni a donde correr.

En esa hora de película, se narra a detalle toda la operación de rescate de la marina gringa. Quién haya visto completa –por cierto una verdadera hazaña librada contra el tedio y al aburrimiento- “La noche más oscura” un plomo de Kathryn Bigelow, donde vemos una operación similar pero durante DOS HORAS de película, que se sienten como DIEZ, —aunque a decir verdad puede uno dormir entre escenas sin ninguna pérdida narrativa— ya sabe que los gringos son Juan Camaney, “mascan chicle, bailan tango y tienen viejas de a montón, tururú”.   

Toda la gracia de ambas películas, su clímax (dramático, ok), radica en la horrenda masacre del “otro”. En operaciones que hoy día llaman “quirúrgicas” —una sangrona y terrible metáfora médica, que exalta la eficiencia de un operativo sanguinario. Es verdaderamente terrorífico ver en “La noche más oscura” como el ejercito yanqui invade una casa habitación, aniquilando niños, señoras, viejitos y todo lo que vive y respira, a su “quirúrgico” paso, sin el menor reparo moral. Y luego la celebración del deber cumplido, con chelas y toda la cosa.

Por eso llora al final de la película el “Capitán Felipez”, porque es algo horrendo. Y si bien la película se disfraza detrás de este mensaje de humanismo, para mí opera más bien a otro nivel discursivo, como una obvia advertencia mundial. Reiterada en un sinfín de películas. América locuta, causa finita.   

Si pudiéramos arrancarle el aspecto ideológico a la película, y verla como un thriller ordinario de acción y suspenso, pasaría la prueba palomera. Bien tramada, con una notable actuación de Tom Hanks, que siempre está bien, heredero de las glorias de James Stewart, como ícono heroico de la clase media americana, diríamos que pasa. Pero como no se puede… Queda en propaganda imperialista, de poca monta. Ese Capitán Felipez.   

P.D. 1 Solo para izquierdosos. Si alguien quisiera ver como se filma una película antimilitarista, antiimperialista de verdad, sin medias tintas, o dobles discursos, también basada en hechos reales, le sugiero “Against the Wall”, un notable telefilme de John Frankenheimer sobre la masacre de Áttica http://bit.ly/1bktXkv .

P.D. 2 México podría iniciar películas con ese tipo de discurso de ilimitado poder militar. Yo sugiero una película de comandos invencibles, con el siguiente casting: Lola la Trailera y La Teniente —en un tête-à-tête por el puesto de Commander in Chief— con el apoyo de la super rescatista Laura Bozo, y como chief of Staff a Paty Chamoy. Y para tropa a Paquita la del Barrio, La Barbie Juárez y Las Lavanderas. Uta… a ver quién las para… (A las comandos) ¡Que acorazados ni que ocho cuartos! ¡Eso es poder canijos!