viernes, 29 de agosto de 2008

El mito de la "rubia tarada"

El mito de la “rubia tarada”.
¡Qué imperfecta
cosa, en un hermoso vaso
poner la Naturaleza
licor de un alma tan ruda!
Con que yo salgo de duda
que no es alma la belleza.
La dama boba, vs 1375-1380
Lope de Vega

El “mito de la rubia tarada” esta muy incorporado a la cultura pop contemporánea. El pretexto de este ensayo lo conforma una rola clásica de SUMO del legendario Luca Prodan —víctima de la Ginebra y la cirrosis hepática—, http://www.lotienetodo.com.ar/luca/ que la banda, o el vulgo conocemos mejor como “La rubia tarada” pero que se llamó originalmente “Una noche en New York City” quizá las dos estrofas más significativas sean las siguientes:



La rubia tarada, bronceada, aburrida,
me dice: "Por qué te pelaste?"
Y yo "Por el asco que dá tu sociedad.
En el pelo de hoy ¿cuánto gastaste?"

¡Basta! ¡Me voy! Rumbo a la puerta
Y después a un boliche a la esquina
a tomar una ginebra con gente despierta.
Esta si que es Argentina!

En la canción la “rubia tarada” encarna la posición mercantilista y superficial de la sociedad moderna, lo dérmico, y se contrasta con la gente despierta, la que si es argentina y Argentina. Es una visión de la rubia plástica, la chica dorada —como pepita— aunque sea de oropel porque no todo lo que brilla es oro.

El mito de la “rubia tarada” tiene orígenes oscuros pero debemos rastrearlos en la milenaria sociedad machista y en su literatura tradicional —recordemos esa corriente literaria misógina que atraviesa la edad media, que era contrapunteada por la corriente marista— que expone ejemplos de mujeres muy adecuadas para la reproducción de la especie pero deleznables como compañeras intelectuales. La mismísima Eva bíblica es engañada ingenuamente por el diablo y tiene toda la culpa de la caída del hombre y su expulsión del paraíso.

En el origen de nuestra caída, esta la rubia ingenua.


La literatura medieval del amor cortés hacía de la mujer una presea, y conocemos el manido argumento de la princesa secuestrada y rescatada, donde la mujer viene a ser equivalente a un trofeo. Quizá sean los mitos infantiles los más arraigados a esta tradición, ya que en su solución las princesas encuentran un príncipe, es decir un hombre, que les resuelve la vida y su destino a través del matrimonio. En una cultura en la que la mujer —en las mentalidades— era objeto de intercambio y no un sujeto proactivo; la mujer adquiría valor a través del hombre.

La rubia doméstica

Por otro lado al caer el Imperio Romano por las invasiones bárbaras, los nuevos reyes (ni tan) bárbaros toman el poder y los nuevos gobernante sustituyen el tipo latino —legítima y etimológicamente latino en strictu sensu, no latinoamericano— por el tipo rubio de las regiones frías del norte de Europa. El rubio y la rubia —la Valkiria— es símbolo del poder en Europa por más de un milenio. Y esta mentalidad eugenésica, que ya forma parte indeleble de la cultura occidental, fortalece la identidad europea contra las múltiples invasiones arábigas —invasiones raciales también.

La rubia legendaria

En la fórmula del mito de la “rubia tarada” tenemos entonces cucharadas de misoginia, con polvos de mentalidad eugenésica —actualmente no asumida aunque igual de vigente—, que provocan que el color más deseable de cabello y piel sea el güero (Vean lo que ocurre actualmente con los asiáticos). Por eso se trata de “la rubia que todos quieren” como reza el slogan de una cerveza producida en México llamada la “Rubia Superior”, en cuyo patrocinio en los ochenta contaba con una campaña basada en bellísimas modelos de cabellos dorados utilizadas como meros objeto de consumo, cuyo IQ es lo que menos importa. La rubia superior, la rubia que "todos quieren"
(obvia explotación sexista de la imagen femenina)


No es gratuito que la muñequita de acción más vendida en todo el mundo, la famosa Barbie, tenga los cabellos dorados. No se trata solamente de un simple juguete de acción, de un producto de consumo: es un objeto ideológico que en su mismo marketing histórico se plantea como un ideal aspiracional, como un objeto simbólico del gastado clisé del consumismo femenino —Barbie con su auto, su chalet, su piscina, sus zapatitos, sus abrigos de piel, sus credit card, su, su, su, sin fin— además de un modelo seudofemenino sintético, superficial, anoréxico, idealizado. Las niñas del mundo (de todas razas y naciones), con las plasticidad maravillosa de su mente infantil, abierta al conocimiento del mundo, se identifican con el juguete mientras juegan, y al mismo tiempo que proyectan su yo, modelan su personalidad, inevitablemente contaminada por los patrones éticos que encarna aquel pequeño y en apariencia inocente pedazo de plástico modelado.

La rubia de plástico

En el siglo XX la “rubia tarada” se volvió un mito maniqueo, típico del binarismo posmoderno, que exalta la hipersensualidad y la contrasta con la ingenuidad insultante, el infantilismo mongoloide o la taradez intelectual. Lorelei Lee (Marilyn Monroe) puede presentarse como ejemplo inmejorable de hipersensualidad enloquecedora e infantilismo exasperante.

La rubia superficial


Se trata de la güerota que le cantó sus mañanitas al presidente Kennedy, la rubia que efectivamente todos querían —y quizá tenían— sensual y antojable como una Coca-Cola… y así mismo retornable y desechable indistintamente. Recordamos aún hoy día aquellas “nalgotas”… pero que nos queda de su pensamiento, si es que alguno tuvo. No obstante se convirtió en un ícono de la cultura norteamericana, como la Coca Cola…

La rubia coca cola

King Kong, aquel inolvidable gorila-crecilac, no tuvo a bien enamorarse de ninguna de las mujeres de piel negra que los atribulados autóctonos de la Isla Calavera le ofrendaban regularmente, mujeres que los realizadores de la película se encargan de afear y primitivizar (el trasfondo racista de esta película enchina la piel). Pero apenas le ponen enfrente a Ann Darrow, la “rubia superior” —Fay Wray (Cooper-Shoedsack, 1933), Jessica Lange (Guillermmin, 1976), Naomi Watts (Jackson, 2005)— el antropoide queda enamorado y sentenciado a su fatal destino ya que “la güera mató a la bestia”.

Conocemos la respuesta.


King Kong con su barbie de acción

Y es que los gorilas así como los hombres las prefieren rubias. (Gentlemen Prefer Blondes, Hawks, 1953). “Esa rubia debilidad” (The Marrying Man, Ress, 1991) puede ser fatal como bien puede certificar la doctora Catherine Tramell (Basic Instinct, Verhoeven, 1992).

La rubia mortal


En la película “10” (Edwards, 1979) la mujer perfecta con la venusina aparición de Bo Derek, una “rubia superior” que todos quisieran, la güera es tarada pero moralmente. El músico George Webber (Dudley Moore) no se siente muy convencido de que su novia Samantha Taylor, una rubia desabrida y avejentada (Julie Andrews) que lo trata más bien con espíritu maternal, sea la mujer de su vida.

Julie Andrews, la rubia moralista


En ese momento de duda se atraviesa en su camino Jenny Hanley (¡¡¡¡¡¡Bo Derek!!!!!!). Como verdadero imbécil aboca su vida a conseguir una cita romántica con la rubia superior y para sorpresa de todos la consigue.

Bo Derek "10" la mujer perfecta, la rubia liberal

Ya certifica de tarada absoluta a esta mujer dizque perfecta por su decisión de acostarse con George (Dudley More), pero además en la cama él descubre sus imperfecciones morales (como si tuvieran importancia). Entonces se decide por la Novicia Reverde, por la Mary sin Pompis, su noviecita desabrida, de moralina edulcorada.

En la más reciente versión de Superman (Singer, 2006) encontramos al supervillano y se supone que super inteligente Lex Luthor —Kevin Spacey— arrejuntado con una mega tarada (lo cuál no es muy inteligente) Kitty Kowalsky —Parker Posey— quien encarna de nuevo el clisé, infantilismo aunado a una taradez insuperable.

Parker Posey encarna a Kitty Kowalsky, la rubia mega tarada

Una vuelta de tuerca al clisé de la “rubia tarada” con efectos de chascarrillo puede encontrarse en “Superman III” (Lester, 1983) aquella con el comediante Richard Pryor en el papel de Gus Gorman genio de la computación. El super villano Ross Webster (Robert Vaughn) y su dominatriz esposa Vera Webster (Annie Ross) —la que al final se transforma en un temible robot— tienen como asistente a una “rubia debilidad” Lorelei Ambrosia (Pamela Stephenson) que los engaña haciéndose pasar por una mega tarada, aunque nosotros sabemos que es una intelectual consumada.

La rubia intelectual, tan inteligente que explota su imagen de rubia tarada y le saca jugo.

La verdadera apología cinematográfica al mito de la “rubia tarada” lo constituye “Dogville” de Lars Von Trier, con la idem Nicole Kidman, donde Grace Margaret Mulligan permite las más horrendas vejaciones por parte de la gente ojete de un pueblo rascuacho de las montañas llamado Villa Perra. Se trata de una Blanca Nieves sin cerebro, de ingenuidad insultante —en México hay una palabra que expresa mejor el concepto de ingenuidad insultante y que le queda bastante bien a Grace— aunque hay matices notables con relación al cuento de la piel blanca. La heroína de los Grimm al verse en peligro huye despavorida internándose en el bosque a donde se topa con la cabaña de este grupo de siete gentes pequeñas y a la vez adultos en plenitud conocidos vulgarmente como los siete enanitos. Grace en cambio no confía en sus propias facultades físicas e intelectuales para huir de la degradante condición en la que se sitúa y confía en las personas que la están jodiendo —literalmente hablando.

Grace Margaret Mulligan lleva el mito de la rubia tarada al paroxismo

Algo trae el director danés con las rubias taradas ya que no fue la primera vez que utilizó el mito de la rubia tarada en un filme, en Breaking the Waves su personaje rubia era tarada por razones congénitas.

La rubia tarada por razones naturales

En los cartones animados de la barra infantil de Nickelodeon nos encontramos con “Lola y Virginia”, por un lado Lola es una niña con anteojos y mucha personalidad, simpática, inteligente, solidaria, amistosa, amable, generosa… etc… ah olvidaba decir también clasemediera. Por otro lado Virginia es una niña rubia, egoísta, tonta, superficial, envidiosa, vanidosa… etc... y por supuesto milloneta. Creo que hasta para los niños el mensaje queda claro. No se puede oxigenar el cerebro de la misma manera en que se oxigena el cabello.

La rubia encarna valores negativos hasta en las caricaturas


Por supuesto que estamos hablando de un mito, y por lo tanto de una mentira. El hecho de ser rubia no vuelve a nadie más o menos inteligente, por tanto más tarada o menos tarada. Aunque suene a perogrullo se trata de un rasgo físico superficial, exterior, que debería carecer de importancia (aunque resulta obvio que culturalmente la tiene). Lo interesante de este pequeño y desordenado ensayo es considerar lo que nuestra cultura hace con estos mitos en su producción de significados.

Afortunadamente en el mundo real contamos con ejemplos de grandes inteligencias a la vez que de notables personalidades artísticas de cabello dorado como Britney Spears, Paulina Rubio o París Hilton quienes se encargan de dar al mito social su justo valor.



NOTA A LA MEXICANA

En el México contemporáneo también se ha explotado el mito de la rubia tarada, fresa, hipersexual, perversa. Recordemos esa obra maestra de don Luis Buñuel, "Susana: Carne o demonio" con una despampanante y perversa rubia encarnada por Rosita Quintana. Dos cortometrajes contemporáneos explotan el mito con fines humorísticos: por un lado el "Paty Chula" escrita por mi colega y amigo Alfredo Robert, con una rubia oxigenada, fresona y bastante tarada; por otro lado tenemos "La suerte de la fea, a la bonita no le importa..." de Fernando Eimbcke, que pueden ver a continuación. La película parodia al personaje de Pamela Anderson Lee en "Baywatch", pero cortando su cabeza con el encuadre: al guillotinar la cabeza se da a entender que carece de importancia -es la rubia sin cabeza, sin cerebro- lo que importa es su cuerpo. Curiosamente este mismo efecto guillotina puede verse en la serie animada "Powerpuff girls" ("Las chicas superpoderosas") con el personaje de Ms. Sara Bellum, la asistente del alcalde.



POSDATA

Debemos aclarar que no se trata de un ataque misógino, sexista o antifeminista. Hablamos de “mitos culturales” que conforman clisés incorporados al pensamiento colectivo. El que llamo “mito de la rubia tarada” tendría su contrapunto masculino en el “mito del muscleman sincerebro” cuya máxima idealización arquetípica se plasmó en “Conan el bárbaro” del que Robert E. Howard —su progenitor— escribía: “Son seres elementales. Cuando los metes en un lío, nadie espera que te devanes los sesos inventando modos sutiles y maneras ingeniosas para hacerles salir del atolladero. Son demasiado estúpidos para hacer otra cosa que cortar, golpear o arrastrarse hasta quedar libres” (E. Hoffman Price. Biografía de R. E. Howard. En Skull-Face and Others, de Robert E. Howard, 1946).



Estos clichés son utilizados por la industria cultural en diferentes versiones detergentes o astringentes como aderezos de diversos productos culturales originales o similares. Y están ahí.



Claudia González Baez, lectora del blog, envío este video, bastante divertido, protagonizado por una "dumb blonde", (el video esta en inglés): ¡Gracias por esta colaboración!

sábado, 23 de agosto de 2008

Ni tan tarada... la güera // Crónica y relato

Artículo aparecido en una revista cómico erótica de la época, a raíz de la muerte prematura de Luca Prodan el 22 de diciembre de 1987 por el periodista rockero Victor Pintos (en argentina). El relato me parece curioso porque eso precisamente le ocurrió a un amigo mío muy cercano.

Así anuncia la revista el artículo.

Nuestro periodista rockero (Víctor Pintos) recuerda hoy a Luca, el pelado (por pelón) de aquel mítico grupo "Sumo". Y nombrar a "Sumo" es traer a la memoria a La Rubia Tarada, personaje de una de sus más populares canciones. Según parece, estaba fuerte, la rubia...
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lunes, 18 de agosto de 2008

El Quijote en el Laberinto


En 2005, TV UNAM nos produjo, a Alfredo Robert —realizador— y a mi —guionista—, un antojo: una serie de cápsulas en conmemoración del 400 aniversario del más grande libro que se haya escrito en lengua castellana: El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha.

Por diversos motivos que no vienen al caso la serie no tuvo el apoyo, ni el éxito esperado, y se produjeron apenas siete u ocho cápsulas, de cinco minutos. Yo terminé de leer el Quijote en el año 2003, es una de las experiencias más extraordinarias de mi vida. Fue tal el placer que me proporcionó que lamente que la lectura terminara. Ahora no dudo en mencionar que se trata indudablemente del libro que llevaría a una isla desierta.

Fue sorprendente y delicioso para mi, en el año 2005, poder investigar, escribir y producir sobre el Quijote, además de ganar dinero haciéndolo. Y me divertía la imagen de Cervantes manteniéndome a 400 años de distancia. No tengo la menor duda de que el Quijote es una obra poderosa.

Las cápsulas fueron de varia índole, se realizó una sobre un recetario del Quijote, otra sobre la obra musical extraordinaria de Richard Strauss, (en la que el entrevistado era ni más ni menos que el actual presidente del CONACULTA), una sobre la experiencia de Felipe Garrido como lector del Quijote y otras sobre una magnífica exposición iconográfica que descubrí en el corazón de la Ciudad, en el museo Franz Mayer.

Deseo compartir con ustedes algunas de estas experiencias. A partir de este mes se publicará cada una de las cápsulas que Alfredo Robert y yo realizamos (contra viento y marea) en TV UNAM. La cápsula del mes anterior se colocará en la parte final del blog. Agradezco de antemano sus comentarios.

Luis F. Gallardo

CONTENIDO AUTORIZADO PARA ESTE BLOG POR "TV UNAM"

domingo, 17 de agosto de 2008

LOS TRÁMITES DEL AMOR

Del poemario inédito "La burocracia habita los corazones". Estos poemas están protegidos por las leyes vigentes de Derechos de Autor. Se requiere permiso expreso de su autor para su publicación. Se trata del cuarto poema publicado en el blog, los tres primeros pueden revisarse en el archivo de abril: http://dosvalar.blogspot.com/2008/04/poema-archivo-muerto.html

I. LAS GRUTAS DEL AMOR
Amor: de ti nada puede decirse que evite el pleonasmo,
envuelto en costra cuyo caparazón más endurece
bajo el pavimento de la modernidad que construye
sobre las ruinas de tu secta antigua, los nuevos templos.

Venus Anadyomene // Etched Cooper

Amor: oculto pareces mineral engendrado por la tierra,
ajeno al gobierno cavernícola,
homínido, que construye tumbas apiladas y tenebrosas,
sin rito ni libación y cuya luz diurna
suplantó con transmisión radial la fragancia del sol.

Cavernario que no se comunica con voz viva,
su sombra habla sobre el olaje de bandas materialistas
y férrea electricidad.

Incapaz del grito que cimbra las estepas diluvianas,
donde los dioses arrumbados se llenan de pestilencia
y moho inmarcesible.

¡Perla que fuiste de las vírgenes y de los santos,
consagrada a Dioses y Diosas más humanos
que los mismos de polvo esparcidos!

¡Perla divina!
Miel de aromas armónicos y suavidad galáctica
bajo la corteza finita de la tierra
y de años que giran alrededor de lo corruptible,
eres cada día más difícil de extraer,
aquellos mineros submarinos,
que bajan a las catacumbas de tu gloria
para arrancarte de la fauces de la tierra,
se cuentan de una mirada.

A la sombra de potentes motores que impulsan el mundo,
de la fama que erige y derrumba incontables ídolos dorados,
del crédito, productor de abismos insondables,
pareces escarcha: frágil y prescindible.

Este cavernícola que huye del esfuerzo,
que construye nuevos templos a la comodidad,
que edifica sobre esos templos nuevos parásitos
y los alimenta con entusiasmo,
nada sabe de bajar al abismo aplastado por rocas oceánicas,
encumbrar la profundidad sísmica arrastrándose como serpiente
por el filoso arrecife
y a orillas del averno extirpar con dientes y uñas
la ostra que te contiene,
- carne y sangre de la tierra misma.

Y arribando a la serenidad eólica del horizonte,
donde pacen las olas pastoreadas por el amanecer,
abrir con el cuchillo de la ambición los labios de la fecundidad,
liberándote para que el sol iluminado te acaricie,
y ponerte al fin en el centro mismo de una corona de jade,
para que todos te vean en Matrimonio,
Valiosa como joya alguna arrancada a la tierra,

Escultura romana


¿Qué hombre posee valor suficiente para sucumbir a tus laberintos?
¿Qué hombre haría la guerra por ti, Helena?
Ya no existen esos hombres,
amamantados en urbe de inmundicia,
nada esperan del futuro
consumidos en un presente
sin salidas de emergencia

II. EPÍLOGO

Renuncié a esta raza estercolera un día hábil,
para volver a la tierra con oficio de lombriz,
y arrastrándome entre las raíces de la antigüedad creyente,
engendrar una raza de bacterias amantes.
Y mirarte a la cara nuevamente,
y libar a tu dulce nombre los perfumes de la vida madura,
como Diosa de todo lo fértil y bello que hay en el mundo
todavía



The Birth of the Venus // Odilon Redon // 1912

sábado, 19 de julio de 2008

THOMAS M. DISCH

El 4 de julio se suicidó en su departamento el escritor de Ciencia Ficción, Thomas M. Disch. Según dicen los chismes noticiosos no pudo superar el fallecimiento de su pareja Charles Naylor. Esta la nota rosa romántica, pero Dish sufría una hepatitis crónica que afectaba enormemente su calidad de vida y se hallaba sumergido en la pobreza al grado que ya pesaba sobre él una amenaza de desalojo de su departamento. Llama la atención que una luminaria de la Ciencia Ficción y de la literatura norteamericana, que vendió derechos de sus obras infantiles a Walt Disney muera en la pobreza. A su muerte deja una obra literaria muy destacada (y subrayo literaria porque todavía hay individuos en las academias de letras que consideran a la Ciencia Ficción "un subgénero menor de la literatura", como dijera algún maestro mío), entre sus principales títulos están "Los genocidas" de 1965, "Campo de Concentración" de 1968, "334" de 1972 y "En alas de la canción" de 1979 con la que ganó el premio John W. Campbell Memorial. La revista AXXON publica un excelente artículo académico literario sobre su obra, "Las distopias de Thomas Disch" de Orlando Mejía Rivera que analiza tres obras de Disch en sus características distópicas.

Entre lo que se puede encontrar por internet resulta muy interesante una entrevista que le realizó Arturo Villarubia.

Sobre su biografía puede consultarse

Pero el mejor homenaje que podemos rendirle es leer (o volver leer según sea el caso) sus libros.



MY BLUEBERRY NIGTHS: ALTA REPOSTERÍA CINEMATOGRÁFICA

“My blueberry nights”: Alta repostería cinematográfica.

Para Bolivar Huerta y sus laberintos

The stories have all been told before
The story
Norah Jones



Once I wanted to be the greatest
No wind or waterfall could stall me

And then came the rush of the flood
The stars at night turned deep to dust
Melt me down
into big black armour
Leave no traceOf grace
Just in your honour
[1]
The Greatest
Cat Power




El título del noveno largometraje del cineasta chino Won Kar Wai —formado como cineasta en la colonia inglesa de Hong Kong— “My blueberry nigths” adolece en su forma original de una riqueza polisémica, disuelta/perdida y pérdida de la rotulación nacional “Mis noches púrpuras”. El blueberry es una baya, mejor conocida como la mora azul —o el arándano— utilizada de formas muy diversas en la postrería y en la repostería internacional; por tanto “mis noches —no son solamente— púrpuras”: también son mis noches de pie, mis noches de postre, mis noches de café, mis noches de mora azul: y en este menú de múltiples acepciones se ponen en juego los sabores, los olores, la atmósfera, los estados de ánimo y la compañía del otro, contigüo: el café como un sitio arquetípico de exploración de nuestras soledades, y puente inexorable de encuentros; preámbulo del flechador niño alado/epitafio de su forma cancerígena, patológica.

Se trata de un itinerario de las rutas del amor. La ruta que se abre a una autopista al infinito o la que se trunca en un callejón sin salida: la que permanece en el mismo lado de la banqueta o la que se atreve a cruzar la acera. La película explora las diversas rutas del amor —obsesión temática de Jiawei Wang—, trazada en un juego estructural de complejidad narrativa —desatendida por la crítica especializada— en donde los personajes femeninos y masculinos parecen representar tipos universales que podrían extrapolarse, intercambiarse —quizás vuelvan sobre los mismos pasos en una hipérbole hipotética, más allá de los límites fílmico planteados— pero sin resultar flat characters (E.M.Forster, Aspects of the Novel, 1927) pues tienen la notable capacidad de contemplarse y compararse para evolucionar individualmente. La película traza una espiral ascendente narrativotemporal, de forma elíptica, que vuelve al mismo punto del que partió en un nivel superior de conocimiento.

Se trata de un arcón narrativo mise en abyme, planteado a través de juegos de llaves, perdidos/olvidados/abandonados compilados en un bote traslucido, que representan historias —inventadas/fingidas/posibles/vividas— quizá ya contadas porque the stories have all been told before, donde las llaves no solo representan una historia acabada, una cerradura: también representan la posibilidad de abrir una puerta.

Las historias no relatadas, las que presenciamos interpretadas por los personajes en la película, son de una simplicidad abrumadora: Elizabeth es la novia reemplazada y desechada, la película consiste en la superación del duelo de su amor traicionado; sustituida/dejada/rota endulza la amargura de su desamor con un blueberry pie y entretiene el dolor con los relatos de desamor que le cuenta Jeremy/Scheherezade. Las propias llaves que ha dejado en prenda de su desencanto se asemejan a otras tantas llaves. Así como el sultán Shahriar termina por enamorarse de Scheherezade, la relación entre el cuentista y la espectadora formará un vínculo de amor. Pero será una flecha que recorrerá toda la espiral elíptica que mencionamos.

Elizabeth se va a Memphis con el claro objetivo de comprar un automóvil. Trabajará doble jornada, diurna y nocturna, como mesera de un restorán de fast food y de un bar nocturno: ahí testifica la historia de Arnie (my alcoholic nigths) quién bebe para olvidar a su bellísima esposa Sue Lynne, quién por desgracia no es fantasma ni sombra: su presencia permanente le vuelve insoportable la vida. Esta ahí, a la mano, inalcanzable. Una noche Arnie se da cuenta de que jamás podrá superar la separación y —así parece— se mata en su automóvil. Sue Lynne, queda libre de la pasión enfermiza de Arnie, pero encadenada a su culpa, a su memoria, a su fantasma: “El amor es corona y ornamento; pero también crucifijo” (Gibran, El profeta, 1923). Semejante a aquella hermosa pastora Marcela —por cuyo desamor pierde la vida Grisóstomo— quien afirma que no “por razón de ser amado, esté obligado lo que es amado por hermoso a amar a quien le ama” pues “Yo nací libre, y para poder vivir libre escogí la soledad” (Cervantes, Quijote, 1605). The stories have all been told before.

Elizabeth, prófuga, sigue en comunicación con Jeremy a través de envíos postales que narran/comentan/acotan estos relatos de amor. Los espectadores compartimos estos comentarios a través de un off que nos permite ingresar a la bitácora mental de Elizabeth. Personaje principal que en su viaje se ha convertido en un narrador testigo, en un personaje suplementario.

En algún casino del Estado de Nevada, conoce a Leslie “un ser vigorosamente plantado en la tierra” (Bonfil, Jornada, 2008/04/13)[2], cuya adicción al juego preconiza un permanente y telúrico estado de crisis. En una partida (my pokar nigths) la jugadora compulsiva pierde todo su dinero: “la persona que entra en ese camino es como si se deslizara en un trineo por una montaña cubierta de nieve, cada vez más de prisa” (Dostoievski, El jugador, 1865). Resulta obvio para los espectadores, y para la propia apostadora, que la mesa de juego esta arreglada: le permiten ganar para limpiarla después. Pese a esta obviedad, la jugadora esta cegada por el velo del vicio, pide dinero a Elizabeth y para convencerla le ofrece en prenda su flamante automóvil.

El vehículo de motor, que la mesera desea, simboliza su declaración de independencia; hay una relación simbiótica, metafórica, entre los transportes y los personajes: Arnie muere en su automóvil; para Elizabeth representa la liberación definitiva; para Leslie el último nexo con la única persona que la amó, aunque de forma enfermiza: su padre. Al apostar su auto y perderlo, transfiere a su acreedora una parte de su libertad e independencia.

Al viajar a las Vegas, en búsqueda de recursos económicos, Leslie se enfrenta con la muerte de su padre, propietario del auto que ella ha ofrecido en pago. Esta relación fraternal resulta una historia de amor enfermizo —en esta caso filial— que tiene como base el chantaje, el engaño y una sádica flagelación moral que se infringen los amantes: sentido destructivo que culmina con la muerte del más fuerte: lo que implica su triunfo definitivo y el castigo supremo para el sobreviviente. Para la jugadora, el mundo parece tirar hacia abajo con fuerza desmedida: el sentimiento de orfandad, derrota y soledad que la abraza la vuelcan a aferrarse al objeto simbólico que le ofrece seguridad, independencia y libertad, su automóvil: símbolo idealizado de paternidad. Pero el sacrificio de Elizabeth tiene su recompensa, en cumplimiento a su promesa Leslie le compra el vehículo anhelado. Se despiden conduciendo a alta velocidad sobre la autopista en dos carriles que se bifurcan, donde cada una ya es dueña de su propia libertad.

Elizabeth cierra la espiral elíptica al regresar a Nueva York, donde la espera Jeremy. Visita plácidamente aquella esquina, símbolo de la traición hiriente, que antes le oprimía el corazón; atraviesa las puertas del café. Todo ha cambiado. Jeremy se ha desecho del bote de llaves: quiere forjar ahora su propia trama. En un sublime flash back, de tiempo indefinido, se examina así misma —plano cerrado, inserto, que muestra solamente su mano indecisa sobre el picaporte— para afirmar que no quiere ser nuevamente aquella mujer: ya es otra. El postre final es un beso de amor. Bellísimo plano cenital donde los rostros, recostados en sentido opuesto, se encadenan. Un beso, principio y fin.

Visión crítica sobre las relaciones amorosas, con una nota de esperanza, a contrapelo de la tendencia internacional con discursos sombríos y pesimistas como el de los “Párpados Azules” (Contreras, MX:07) o “Den Brysomme Mannen” (La frialdad de la vida moderna) (Lien, NO:06) que cuestionan incluso la posibilidad fáctica de una comunión existencial.

Como todos los grandes artistas, los que llamamos clásicos, WKW es poseedor de una poética, que integra en un deslumbrante juego formal, sensualista; en un estilo único y personal que se depura a cada película, una pasión temática, discursiva, cuyo eje es la capacidad solidaria, amorosa, del hombre contemporáneo: just in your honour.




[1] Una vez quise ser la más grande // ni el viento ni las cascadas podrían detenerme // Pero luego vino inesperadamente la inundación // las estrellas en la noche profunda se hicieron polvo // Derretido caigo //dentro de la enorme armadura negra // sin dejar restos // de gracia // solo en tu honor. The Greatest, Cat Power, (Fragmento). Traducción Luis F. Gallardo.
[2] Carlos Bonfil, “Noches Púrpuras”, La Jornada 2008/04/13. Link: http://www.jornada.unam.mx/2008/04/13/index.php?section=opinion&article=a09a1esp

NI SIQUIERA SOY POLVO / Borges


Del poemario "Historia de la noche" de Jorge Luis Borges, extraemos este poema que no aparece en internet en las antologías de Borges y el Quijote. Es una verdadera maravilla. Traza un laberinto de sueños, donde el viejo Quijano sueña al futuro enderezador de entuertos mientra se da cuenta de que es también un sueño del Capitan Cervantes. Ni Cervantes, ni Quijano, quién muere al final del libro son verdaderamente inmortales: solamente lo es don Quijote.
Y Quijano, el viejo Hidalgo aficionado a las novelas históricas y a las de caballería ni siquiera es polvo.



Ni siquiera soy polvo

No quiero ser quien soy. La avara suerte
Me ha deparado el siglo diecisiete,
El polvo y la rutina de Castilla,
Las cosas repetidas, la mañana
Que prometiendo el hoy, nos da la víspera,
La plática del cura y del barbero,
La soledad que va dejando el tiempo
Y una vaga sobrina analfabeta.
Soy hombre entrado en años. Una página
Casual me reveló no usadas voces
Que me buscaban, Amadís y Uganda.
Vendí mis tierras y compré los libros
Que historian cabalmente las empresas:
El grial que recogió la sangre humana
Que el hijo derramó para salvarnos,
El ídolo de oro de Mahoma,
Los hierros, las almenas, las banderas
Y las operaciones de la magia.
Cristianos caballeros recorrían
Los reinos de la tierra, vindicando
El honor ultrajado o imponiendo
Justicia con los filos de la espada.
Quiera Dios que un enviado restituya
A nuestro tiempo ese ejercicio noble.
Mis sueños lo divisan. Lo he sentido
A veces en mi triste carne célibe.
No sé aún su nombre. Yo, Quijano,
Seré ese paladin. Seré mi sueño.
En esta vieja casa hay una adarga
Antigua y una hoja de Toledo
Y una lanza y los libros verdaderos
Que a mi brazo prometen la victoria.
¿A mi brazo? Mi cara (que no he visto)
No proyecta una cara en el espejo.
Ni siquiera soy polvo. Soy un sueño
Que entreteje en el sueño y la vigilia
Mi hermano y padre, el capitan Cervantes,
Que militó en los mares de Lepanto
Y supo unos latines y algo de árabe
Para que yo pueda soñar al otro
Cuya verde memoria será parte
De los días del hombre, te suplico:
Mi Dios, mi soñador, sigue sonándome.