miércoles, 11 de febrero de 2015

CRITICA A LAS OSCURAS PRIMAVERAS

Las Oscuras Primaveras al són de los testículos cantores

Envié a mis alumnos a ver “Las Oscuras Primaveras” (2015) de Ernesto Contreras. El sábado 31 de enero, les advertí que tenían escasos 4 días para verla, pues seguramente saldría de cartelera el siguiente jueves, como ocurrió. No por falta de calidad, ni de público, sino porque es mexicana. Salió de cartelera con salas llenas, como puede constatar cualquiera que la haya visto. 



Mis alumnos son aspirantes a la escuela de cine. Les advertí que tenían que ser mayores de edad para verla, por el alto contenido sexual de la película. El pasado sábado 7 de febrero platicamos sobre el film. Todos la vieron. La opinión general era positiva, a tres cuartas partes les gustó la película pero no podían decir por qué. A la cuarta que no le gustó, o no le convenció del todo, habló sobre dos problemas principalmente, el guión y el casting. 

Sobre todo el casting. Pero no el casting como tal sino José María Yazpik. En su opinión, no conocían plomeros con ese físico. Me hizo reír mucho este comentario, sobre todo porque en ese momento había un plomero en las instalaciones, que no se parecía nada a Yazpik. Yo les comenté que quizá tenían razón, pero que los actores habían hecho un trabajo muy destacado, incluyendo a ‘Chema’. Uno de mis alumnos cerró mi comentario diciendo: “Es que Ernesto Contreras es un gran director de actores”. 



Hay algo de verdad en la molestia de algunos de mis alumnos, pues la pretensión realista de la película se rompe con la presencia apolínea de Yazpik. Pero no es un problema del cine mexicano, sino del cine mundial, cuasi universal. Ironizan esta situación en “The Italian Job” de Gary Gray cuando se presenta Stella Bridger —una espectacular Charlize Theron— como técnica del cable. 

En cuanto al guión. El comentario más general —en el que coincidieron incluso aquellos a los que sí les gustó la película— fue que se trata de una historia que no cierra, demasiado abierta. De acciones sin consecuencia. Varios consideraron que Ernesto era un excelente director a pesar del guión. 

La crítica al guión de Carlos Contreras tiene algo de razón, pero depende del punto de vista. Es un guión que no tiene una estructura de conflicto central, que no sigue las pautas de los modelos convencionales de guión. De hecho tiene un conflicto estático, según las categorías de Lajos Egri: “Usted no puede esperar un conflicto creciente de un hombre que no quiere nada o no sabe qué es lo que quiere.” (Como escribir un drama, CUEC, 1986:91). Pero tampoco es un problema de esta película, el conflicto estático es casi la norma en buena parte del cine mexicano que se filma desde la crisis del cine nacional de los años ochenta. En otras palabras, es una estética. El guión es así por arte, no por defecto. Pero es un tema sujeto a polémica. 


El esperpéntico mexicano

De 1995 a la fecha se han filmado en México una cantidad estimable de películas, que ya forman un corpus, y que podríamos estudiar con criterios de género (o subgénero o como gusten llamarle) al que yo he llamado en un ensayo “el esperpéntico mexicano”. Apunto algunas de estas películas: “Obdulia” (1985) de Juan Antonio de la Riva; “Crónica de un desayuno” (1999) de Benjamín Cann; “Amores Perros” (2000) de Alejandro González Iñarritu; “Ciudades Oscuras” (2001) de Fernando Sariñana; “Japón” (2002) de Carlos Reygadas; “La mujer de mi hermano” (2005) de Ricardo de Montreuil; “Fecha de Caducidad” (2011) de Kenya Marqués, y un largo etcétera, hasta llegar a “Las Oscuras Primaveras” (2015) de Ernesto Contreras. 

Son películas muy distintas entre sí, pero también tienen muchos puntos en común. Es conocido que debemos el término “esperpento” a la estética del dramaturgo Ramón del Valle Inclán, es un estilo narrativo concebido como una deformación de la realidad que exalta sus aspectos más grotescos. Y así ocurre con estas películas. 

1) En el “esperpéntico” mexicano hay una estética aparentemente realista, pero en una realidad entramada con eventos posibles, y por lo tanto, que bordan en el melodrama al no tratar realmente lo cotidiano, sino lo extraordinario. El motivo posible más usual en estas películas es el “accidente”.   

2) Hay una mirada cínica, irónica, crítica, cruel de los directores hacía sus personajes. Construidos con rasgos caricaturescos sórdidos. Son demasiado pendejos, demasiado ingenuos, demasiado crueles, demasiado monstruosos, demasiado grises. 

3) Las relaciones sexuales en estas películas tienen implicaciones francamente criminales, trastornadas por pulsiones degeneradas, o demasiado sufridas, o culminan en situaciones trágicas o patéticas. En “Obdulia” es una violación sádica; “Crónica de un desayuno” inicia con la castración de un travesti; en “Amores Perros” la infidelidad fraterna; el pederasta de “Ciudades Oscuras”; la gerontofilia de “Japón”; la violación incestuosa de “La mujer de mi hermano”. (Yo repito una broma con mis alumnos, al decir que si alguno quisiera hacer una escena revolucionaria en el cine mexicano, que ponga a dos mexicanos teniendo sexo y disfrutándolo, sin ninguna consecuencia catastrófica).

4) Los personajes son de voluntad impotente, apáticos hasta la exasperación, de ahí la tendencia a los conflictos estáticos. Es quizá “Obdulia” —la película más sombría del grupo y la más vinculada a “Las Oscuras Primaveras”— el mejor ejemplo de protagonista inerte. Y cuando decide actuar lo hacer erradamente y paga terribles consecuencias. Por lo mismo son películas que tienen muchos momentos muertos, de ritmo semilento.


En el México grotesco, de “Las Oscuras Primaveras”, cuando un marido engaña a su esposa, será ésta la que morirá aplastada por su propia estupidez. O peor aún, por su propia nimiedad. 

La estética esperpéntica mexicana tiene más aceptación fuera de México, que en su mercado natural. Son obras muy exitosas en innumerables festivales internacionales. De ahí la pervivencia y franca salud del género. Se suma a este corpus “Las Oscuras Primaveras”, una película técnicamente lograda. Filmada en un nostálgico 35 milímetros, en una plástica fotográfica de film noir —de Tonatiuh Martínez— con actuaciones más que convincentes —Irene Azuela es un sol—, con un diseño de producción detallista, muy cuidado, semitonal. Muy adecuada resultó la musicalización minimalista de “Meme”. Su tema musical es magnífico: “...y no puedo parar” 



La sexualidad animal, explícita, rompe la mojigatería en la que ha recaído la cultura nacional de nuestros días, volcada en una primavera tan tuberosa como la de Vallejo: al son de los testículos cantores.
 
Luis F. Gallardo

11 de febrero de 2015

lunes, 2 de febrero de 2015

UNA ROLA IMORTAL DE LOUIS ARMSTRONG

Ahora que vimos en cine "Whiplash", volví a mis viejos albums de mi tocayo el gran Satchmo, Luis BrazoFuerte.





Ain't Misbehavin' la legendaria canción del gran Satchmo, es un himno a la alegría de vivir. 

Sin que exista traducción literal, porque se trata de un gerundio que no se puede construir en español, se podría traducir como "Sin sentirme mal" (Así lo traduje yo). La canción habla de un NINI, un cuate que está frente a los estantes sin pena ni gloria, pensando en su chica. 

Esta solo, pero no le importa, tampoco le importa que pase el tiempo, ni nada. Pues está salvando el amor.  

Según el sitio de Internet Jazz Standard Song and Instrumentals (de nuevo según traducción): 
"Ain't Misbehavin' de Fats Waller fue tocada por primera vez en Connie's Inn en Harlem en la inauguración de la Revista Musical negra, "Hot Chocolates". El musical tuvo tanto éxito que fue llevado a Broadway, inaugurando temporada el 20 de junio de 1929 en el teatro Hudson, ahí tuvo 219 funciones. En Connie's Inn Ain't Misbehavin' fue interpretado con número de apertura por Margaret Simms y Paul Bass, y más adelante por los Singers Hallelujah de Russell Wooding. En el teatro Hudson, fue también el número de apertura con los mismos interpretes, pero en el intermedio, en su debut en Bradway, Louis Armstrong tomó el escenario para interpretar Ain't Misbehavin'  en un solo de trompeta." (http://bit.ly/1AkkHLp)


Les dejo la letra y mi modesta y seguramente incorrecta traducción.
Ain't Misbehavin'
No one to talk with, all by myself
No one to walk with, I'm happy on the shelf babe
Ain't misbehavin', savin' my love for you
I know for certain the one I love
I'm through with flirtin', you that I'm thinkin' of
Ain't misbehavin'
Oh savin' my love oh baby, love for you
Like Jack Horner in a corner
Don't go nowhere and I don't care
Oh your kisses worth waitin' for, babe
I don't stay out late, don't care to go
I'm home about eight, me and my radio, babe
Ain't misbehavin'
Savin' all my love for you

Sin sentirme mal
No tengo con quién hablar
Solo conmigo
Ni con quién caminar,
Pero estoy feliz en el estante
Sin sentirme mal
Porque estoy Salvando mi amor por ti.
Yo se de cierto
Mi amor único
Que coqueteando
Solo contigo, pensándote
Sin sentirme mal
Estoy salvando mi amor por ti
Como Jack Horner en la esquina
No voy a ningún lado
Y qué me importa
Tus besos están esperando
Por creerme
No me importa esperar mucho tiempo
No me importa irme
Estaré en mi casa a las ocho
Solo yo y mi radio
Sin sentirme mal
Porque estoy salvando mi amor por ti

jueves, 29 de enero de 2015

CRITICA A WHIPLASH

El dilema de Whiplash

Es un poco extraño, sin embargo, que gran parte de mi identidad esté atada a una cosa completamente efímera. La música es intangible, existe sólo en el momento en que es aprehendida, pero aún así puede alterar profundamente nuestra manera de ver el mundo y nuestro lugar en él. La música puede ayudarnos a superar momentos difíciles de la vida, cambiando no solo cómo nos sentimos por dentro, sino también cómo sentimos todo lo que nos rodea. Es muy poderosa.
David Byrne
Cómo funciona la música

EL DILEMA Y LAS SINGULARIDADES

Las películas que conectan la música con el lenguaje cinematográfico expresivamente son mágicas. Y “Whiplash” de Damien Chazelle, graba su nombre en esa larga lista de piezas cinematográficas de Cine Total (como lo concebía André Bazin). Comenzando con la extraordinaria  “Glass” de Bert Haanstra, cuyo montaje rítmico, al son del jazz, evoca Whiplash en los momentos orquestales.   



Su singularidad más entrañable, deviene en la rareza de tratar un instrumento y a un instrumentista muy poco tratado en el cine de ficción: batería y baterista.

El dilema que plantea la película (y que no resuelve en mi opinión) es interesante: ¿Una educación tiránica (como la que abunda en las artes) puede formar mejores artistas que la educación ortodoxa? El dilema se encarna en la confrontación del alumno Andrew Neimann (Miles Teller) con el prestigiado catedrático Terence Fletcher (J.K. Simmons), quién, para justificar sus métodos draconianos narra una anécdota sobre el músico Charlie Parker, quién presuntamente, a partir de un correctivo que pudo acabar con su vida, se transformó en la leyenda que fue. La anécdota va y viene a lo largo de la película, con argumentos y contra argumentos, sin hallar una síntesis satisfactoria.




Mientras tanto los espectadores ‘gozamos como enanos’ de la música, —y vaya gozo— y compadecemos el bullying despiadado que sufre Andrew, abuso que alcanza su paroxismo en una escena que es pura poesía cinematográfica (como la concebía André Bazin, nuevamente), uno de esos momentos de lucidez fílmica única, de verdadero arte.  Si les digo cuál es esa escena, les arruino la película, así que… tendrán que descubrirlo por ustedes mismos.

EL DILEMA Y LAS CORRESPONDENCIAS

Otras películas sobre músicos, han tratado el dilema de Whiplash. Hay una película de Spike Lee, “Mo’better blues” (1990), absolutamente genial, que toma una postura. 



El niño Bleek Gilliam (interpretado ya de joven por Denzel Washington) sufre una educación tiránica, consistente en horas y horas, días y días, de práctica interminable de la trompeta, pues sus padres anhelan que Bleek sea una estrella del jazz. Así que, mientras los demás niños del barrio juegan y se divierten, y crecen, y tienen novias, y viven la vida, Bleek vive con su trompeta, come con su trompeta, y duerme con su trompeta. Craso error. Al final Bleek no se transforma en un jazzista famoso. Y cuando tiene un hijo, en la escena clave de la película, le quita la trompeta y lo deja salir a jugar con los demás chicos. La vida no es solo música. La educación, por más estricta o brutal que sea, no puede predeterminar el flujo de la vida.



Spike Lee filmó la película como una respuesta a “Bird” de Clint Eastwood. Así es, el biopic de Charlie Parker. Para Spike Lee, “Bird” es una película de blancos burgueses de california, llena de clichés sobre los jazzistas negros, que en las películas WASP siempre son presentados como tipos decadentes, autodestructivos, adictos a las drogas. Estos clichés le molestaban a Spike porque su papá era un jazzista prestigiado, lejos del estereotipo, buen hombre y padre de familia.

El dilema se complejiza cuando se plantea ¿Qué tanto influye realmente la educación y que tanto el propio carácter del aprendiz? ¿Quizá Fletcher no es un maestro iluminado sino más bien un soberano cabrón? ¿Fue Charlie Parker lo que fue, por su formación o por su talento? Chazelle no nos responde esa pregunta tampoco. Nos deja la duda. Pero esta ambigüedad es absolutamente brillante, pues en realidad, el dilema no tiene solución. Es relativo.

Cheng Lon (mejor conocido en occidente como Jackie Chan) fue matriculado en la Academia de la Ópera de Pekin en 1961, con apenas 7 años de edad. La brutalidad de los métodos educativos de la Academia de la Ópera de Pekin son legendarios, y hubieran hecho palidecer al mismísimo Dracon de Tesalia. Si un alumno fallaba en alguna suerte acrobática, por ejemplo, en castigo la repetía por horas. Llegaban a trabajar 20 horas por día, en una obsesión por la perfección técnica. Jackie estuvo ahí 10 años. Egreso en 1971. Y aquí se complejiza el dilema: por supuesto sin esta formación moral, mental y física, Jackie Chan no sería Jackie Chan. Pero… sólo hay un Jackie Chan. Muchos tuvieron la misma formación pero solo hubo un Jackie.  

El gran Satchmo, uno de mis ídolos musicales, aprendió a tocar la trompeta en el reformatorio y en los burdeles. Y con esta formación rupestre pudo ser uno de los músicos más importantes e influyentes de la primera mitad del siglo XX. Su nombre era Louis Armstrong.  Y aunque Terence Fletcher también lo menciona como uno de sus íconos, por supuesto no lo pone de ejemplo. De hecho es el contra ejemplo perfecto.

Quizá, al final, la educación es como la música, según David Byrne, efímera e intangible,  “puede alterar profundamente nuestra manera de ver el mundo y nuestro lugar en él (…) puede ayudarnos a superar momentos difíciles de la vida, cambiando no solo cómo nos sentimos por dentro, sino también cómo sentimos todo lo que nos rodea. Es muy poderosa.” Como la música, como el cine, y como “Whiplash”.

Luis F. Gallardo


28 de Enero de 2015

viernes, 23 de enero de 2015

CRITICA A BOYHOOD DE RICHARD LINKLATER

Sobre las “Historias Verdaderas”

Ayer lloré con un relato. Ayer. 22 de enero de 2015. Por la mañana tomé un libro de Paul Auster “El cuaderno rojo. Historias verdaderas” (Seix Barral, Planeta, Booket 2012). Lloré con el relato número 9. Entre la página 47 y la 53. Llore, conmovido, con un relato de 7 cuartillas. Auster compone un libro con relatos que ha compilado de la vida. Relatos de cotidianidades. Hasta de chismes. Pero Auster sabe focalizar los asombros de lo rutinario. De hecho lo hace de manera extraordinaria.  



Y por la tarde vi “Boyhood” de Richard Linklater. A Paul Auster le encantaría este contraste de azar, por la mañana leí su libro de “Historias Verdaderas” y por la tarde vi una película cuyo subtítulo es “Momentos de una vida” que trata también de historias verdaderas. ¡Ja! Pero el contraste fue desafortunado.

“Boyhood” es una película abúlica. A los 20 minutos de película me di cuenta que no iba a ningún lado. La sensación de deriva me mantuvo exasperado las siguientes dos horas y media.
La película nos muestra diversos momentos en la vida de una familia de padres divorciados, a lo largo de 12 años. Y la gracia de la película es que fue filmada realmente a lo largo de esos 12 años. La historia de la familia es narrada desde el punto de vista del protagonista, un niño-adolescente-joven llamado Mason, interpretado esos 12 años por Ellar Coltrane.  



La película parte de una idea audaz, en materia experimental, de seguir la vida de una familia a lo largo de 12 años. Pero desafortunadamente, lo único audaz fue la idea y lo único que avanza a lo largo de 12 años, es la edad de los intérpretes. Porque la película no avanza a ningún lado. Carece de entramado. Es una serie de episodios de la vida, un álbum familiar filmográfico, en general carente de interés.

Quizá trata de eso, la vida es así. Es inane. Señor Linklater, eso ya lo sabemos, por eso leemos novelas, historietas, escuchamos música, practicamos deportes, apreciamos espectáculos,  VAMOS AL CINE, para darle sentido a la vida, huyendo de ella, en cierta forma (o de sus aspectos más burdos y rutinarios).

Al terminar la película no pude evitar compararla con el libro que había leído por la mañana, que tiene una propuesta estética interesante, sustentada en la teoría del azar, donde cada relato, mini relato y micro relato posee la magia de la vida, aunque sea absurda, aunque narre simplemente como un sujeto pierde una moneda en la acera.

El esfuerzo de filmar una película durante doce años, simplemente porque es una idea genial, porque va a transcurrir la vida y la veremos transcurrir en el desarrollo vital de los actores, es baladí. Es snobismo intelectual.  Es autismo artístico. Lo es sin una idea rectora, una premisa, un discurso. 

La vida familiar, social, humana, específica, rutinaria, transcurre en “Cuentos de Tokyo” de Yasujiro Ozu, quizá, como en ninguna otra película de la historia del cine. Fue filmada en 1953, en un lapso no mayor a ocho semana, quizá en cinco semanas. Y es profundamente conmovedora y significativa, dramática y trascendental. Eterna. 




Lo mismo pasa con un relato de siete cuartillas de Paul Auster, que puede leerse en cinco minutos… y con eso... resonó en mí. 

Sin embargo “Boyhood”, que se filmó durante 12 años, lamentablemente, es una película perfectamente olvidable. 

sábado, 6 de septiembre de 2014

MI TOP TEN SODA STEREO

Estas son mis canciones favoritas de Soda Stereo. Me gustan muchas más canciones de Soda, como "Nada Personal", "Cuando pase el temblor", "Azulado", "Persiana Americana", "Un millón de años luz", "Entre caníbales", etc. Pero estas... están una rayita encima, en mi espíritu.




1.- Danza Rota (Letra: Gustavo Cerati)

https://www.youtube.com/watch?v=oOz04FVkEWQ


2.- Sobredosis de TV (Letra: Gustavo Cerati)

https://www.youtube.com/watch?v=oUy9cEoydfs 


3.- Corazón Delator

https://www.youtube.com/watch?v=Dm949DddVos


4.- Juego de Seducción: (Letra: Gustavo Cerati)

https://www.youtube.com/watch?v=Jd5-a5Nvro0


5.- Profugos (Pero la versión del albúm "Ruido Blanco")
(Letra: Gustavo Cerati)

https://www.youtube.com/watch?v=9vAreHkZRe0

Y como suena aquí:

https://www.youtube.com/watch?v=VdJldp0YTzs


6.- Signos (Letra: Gustavo Cerati)

https://www.youtube.com/watch?v=vNKUDiA2YQE


7.- No existes (Letra: Gustavo Cerati)

https://www.youtube.com/watch?v=m_g7UvW8CEc

Una versión más ROCKERONA

https://www.youtube.com/watch?v=C6BD_SZDLjs


8.- Ciudad de la furia

https://www.youtube.com/watch?v=ROl_gUS8UWM


9.- Ella uso mi cabeza como un revolver

https://www.youtube.com/watch?v=0YsTmk8jb20


10.- Música Ligera

https://www.youtube.com/watch?v=-XIeMp4zQC4


MEJOR COVER DE SODA (PARA MÍ)

"Tratame Suavemente" (Estupenda canción de "Los Encargados")

VERSION SODA STEREO

https://www.youtube.com/watch?v=xXD_IEcZbMI

ORIGINAL DE LOS ENCARGADOS

https://www.youtube.com/watch?v=iUDHBF_W6Hk


MEJOR FT DE CERATI

"Ciudad de pobres corazones" con Fito Paez (otra canción extraordinaria).
Chequen el virtuosismo de Cerati en la guitarra.

https://www.youtube.com/watch?v=n0IYt-c2Sps


jueves, 20 de febrero de 2014

CONSECUENCIAS DEL NUEVO CUEC


Pues bien, la UNAM publicó oficialmente la Licenciatura en Cinematografía. Puede consultarse en:

http://oferta.unam.mx/carreras/98/cinematografia



Esto que es causa de enorme orgullo y alegría, (me siento alegre y orgulloso) tiene su lado oscuro, su lado malo.

Resulta que para ingresar al CUEC tienes que ganar un lugar en ciertas carreras de la UNAM. Obviamente esto abre la puerta a los pases reglamentados, o automáticos, como les llamaba la prensa. Pues con una plaza en una de las carreras listadas en la convocatoria, tiene derecho a presentar examen al CUEC.

Pero reduce las posibilidades reales para CIENTOS DE CHICOS que no estudiaron la prepa en la UNAM. Como sabemos la probabilidad de quedarse en la UNAM, cuando es alta es del 2%. En otras palabras 2 de cada 100 aspirantes a la UNAM (no reglamentados) ingresa. De hecho algunas de las carreras listadas, admiten muy pocos alumnos por vía de EXAMEN al año. En la carrera de Literatura Dramática y Teatro, son menos de 14. Y más de 400 aspirantes.

Esto practicamente MARGINA POR COMPLETO A MEXICANOS DE TODA LA REPÚBLICA MEXICANA, y también a los extranjeros que tradicionalmente aspiraban a nuestra alma matter. A menos que sean CASI GENIOS o MEMORIOSOS, pues los promedios que ingresan a la UNAM por EXAMEN, casi siempre están por encima de un 90% de aciertos, para ocupar los pocos lugares que dejan los REGLAMENTADOS o AUTOMÁTICOS.

Será un nuevo CUEC. Definitivamente. Endogámico. Más chilango, quizá menos diverso.

Por supuesto, otra consecuencia vendrá cuando el CCC cierre su convocatoria este años con más de 700 aspirantes. Allá van a ir a parar.

¿Es justo? Es justo que exista ese nivel de marginación. Para mí, no. Para mí la reglamentación está mal pensada, mal diseñada. Recuerdo a mi maestro Alfredo Joskowicz y a Mitl Valdez, comentar en algún momento, que cuando el CUEC  fuera Escuela no podía admitir pases reglamentado. Y sí, no los va  admitir directamente. PERO LOS PASES REGLAMENTADOS LLEVAN TODAS LAS DE GANAR CON ESTA CONVOCATORIA. ¿Ironías de la historia? En fin. Al tiempo.

Luis F. Gallardo

sábado, 4 de enero de 2014

DIANA de Oliver Hirschbiegel

Sobre Diana: ¡Qué bueno que no fui lady Di!

Pasó sin pena ni gloria por la cartelera una estupenda película. Diana (2013) de Oliver Hirschbiegel, un magnífico director alemán, responsable de esa JOYA llamada “El experimento” (Das experiment, 2001). No parecía el mejor momento para un tema que tiene 15 años de retraso —por lo menos—, pero estamos en un nuevo apogeo del Biopic. Este año vimos muchísimos Biopic, de todos sabores y colores: la de Lincoln, la de Linda Lovelace, la de Jobs, y hasta la de un mayordomo de la Casa Blanca, etc. En ese contexto, revivir a Diana es coherente con el mercado mundial. La película narra los últimos años de Diana de Gales, Lady Di. La canción de Gloria Trevi le queda pintada a esta película.



Lejos de los trastornos o convencionalismos del género, la película puede leerse como una historia de amor imposible, bastante bella. El guión es fenomenal. Habría que poner al chafísima guionista de Jobs —un chamaco llamado Matt Whiteley— a copiar cien veces el guión de Diana. Pero claro, Diana la escribió un viejo dramaturgo inglés con más tablas que una carpintería, Stephen Jeffreys, responsable también del guión de la interesante The Libertine (2004) de Laurence Dunmore, basada en un libreto teatral del mismo Jeffreys. Explorando el tortuoso romance de Diana con un médico Pakistaní, pinta estupendamente al fenomenal personaje de cuerpo completo. En Jobs, tontamente trataron de pintar al personaje a lo largo de su vida, nació en tal lado, creció en tal otro, estudio esto, desarrolló lo otro, murió así, etc. Y no logran ni por asomo un buen retrato. En Diana centrándose apenas en un detalle de su vida, pum: de cuerpo completo. La parte por el todo. Eso es cine de primera.



Y Naomi Watts es otra de mis veneradas diosas. Está increíble. Me encantó que el director decidiera no utilizar maquillaje para hacerla más parecida físicamente a la princesa. Por el contrario, en el universo de la película, todos los props, los periódicos, las noticias, los carteles, etc., en todos aparece Naomi… como Diana, la actriz se apodera del personaje desde adentro. Irradia a Diana. 



Un trabajo histriónico de mucha clase y sensibilidad. Me recuerda al Malcolm X de Denzel Washington. Otro dios. En fin. Buena película. ¿Por qué fracasó? ¿Saben por qué? Porque la programaron en las dos peores semanas del año. Semanas, que históricamente, tienen ocupación de salas de menos del 10%. Las dos semanas antes de las fiestas de la natividad. Es decir, los distribuidores y los productores la tronaron —ex profeso, o sea, adrede— con una muy mala programación. ¿Por qué? Es una coproducción Europea —no hay lana gringa pues— y como tal, entra de relleno, y le tocó entrar de relleno en la peor época del año. Y luego dicen que los gringos ya no son gandallas con los cines extranjeros. ¿No?      


Última reflexión: Qué bien se siente saber que estas gentes poderosas también sufren los sinsabores de la vida cotidiana. Como que estos dramas alimentan nuestro morboso rencor social. Recientemente vimos a Obama en el OSO de la década, cuando su mujer le hacía escenas, pucheros y jetas, exhibiéndolo mundialmente. En la película vemos como a la mismísima Diana de Gales —por cierto heredera legítima al trono de la corona ingresa, o sea pudo haber sido REINA de Inglaterra, ¡así!— la corre su amante, —un pelagatos— de un depa de interés social. Uta. ¡Qué chido! Y qué momento cuando Diana le grita a su Khan, —así se apellida el doctor no sean malpensados— que ella tiene el amor de miles, quizá millones, pero no el amor que ella quiere…  Remember Rosebud. ¡Qué bueno que no fui lady Di!

Luis F. Gallardo

05 Enero 2014