sábado, 15 de noviembre de 2008

Los mitos de Cthulhu

"That is not dead which can eternal lie,
And with strange aeons even death may die."

Lovecraft, "La llamada de Cthulhu"

"Que no está muerto lo que puede yacer eternamente,
y con los aeones extraños incluso la muerte puede morir."


The Call of the Ktulu / Metallica / Cover en piano

The Call of Ktulu / Metallica / Ride the Lightning

The Call of Ktulu / Metallica / Live S&M

"Los Mitos de Ctulhu" de Alberto Breccia (Dibujante) y Norberto Buscaglia (Guionista), basados en los escalofriantes relatos del legendario H. P. Lovecraft, son un verdadero clásico del género de horror, en el arte de la historieta. Utilizando una técnica plástica expresionista, y densos cuadros de texto, la "Novel Gráfica" rebasa continuamente los límites del comic convencional para transitar los de la ilustración editorial; y esta es una ruptura fundamental en el ámbito de la historieta. Desde los años cuarenta Breccia utiliza -- quizá por primera vez --técnicas de ilustración, diversas y en su momento experimentales, en el marco de las viñetas y la reticula convencional de la historieta, para crear efectos de alto contraste que podríamos relacionar con la tradición estilística del cine negro, adaptada a la historieta. Esta nueva plástica de la historieta artística tendrá una influencia enorme, tanto en el cono sur (podemos encontrar ecos en el trabajo de Muñoz y Sampayo y su Alack Sinner) como en Europa, donde -- como ocurre frecuentemente con nuestros artistas latinoamericanos -- Breccia era más conocido y valorado. Bien se relaciona esta revolución estilística inaugurada por el maestro argentino, con la revolución inaugurada en la literatura de horror por el extraño Howard Phillips Lovecraft.

Dotado de un talento literario nato; creció en un ambiente decadente, que contrastaba cierta nobleza genealógica con una economía precaria y en constante deterioro. Su padre pasó cinco años en el manicomio por causa de demencia sifilítica, que finalmente le propició la muerte. Vivió su infancia y adolescencia bajo el yugo de una madre opresora, cruel y sobreprotectora hasta límites enfermizos. En su juventud vivió como un fracaso personal, su incompetencia para las matemáticas, que le impidió hacer carrera en el ámbito de la astronomía, una de sus pasiones. Escribió prolíficamente, poesía y ensayo, aunque es mundialmente reconocido por sus relatos de "horror cósmico".

La gran innovación propuesta por Lovecraft, aunque no suficientemente desarrollada por él, fue la creación de un ciclo literario en torno a una mitología prefabricada, considerando la acepción de "mito" como una relación entre acontecimientos verdaderos y su ficcionalización derivada. Por lo tanto se basa en una técnica literaria realista, con escenarios y personajes bien fundamentos en donde repentinamente surge lo inefable. Se trata de un mundo poblado por seres sobrenaturales, con poderes ilimitados, extraterrestres que habitan la tierra o duermen en ella hasta que son perturbados por insignificantes humanos que pagan con el precio más alto su insensatez.

Y esta es una de sus características más interesantes e importantes: el hombre es insignificante, una vez que ha desatado la furia del aeon, del inmortal, nada puede hacer para contenerlo, vencerlo, o evadirlo. Ahí esta el horror. Y encontramos en esta mitología sectas que rinden culto a estos poderes, ritos excentricos, sacrificios y ofrendas; e incluso un libro sagrado: el Necronomicon, libro escrito por el poeta árabe Abdul Al-Hazred, de Sana (Yemen) en el año 738 d. C., tras escuchar una conversación de seres sobrenaturales que no se percataron de su presencia. No obstante Alhazred murió a plena luz del día devorado por una bestia invisible delante de numerosos testigos. Los mitos de Cthulhu han tenido tal capacidad de penetración en la cultura contemporánea que se encuentra gente que asegura que el Necronomicon existe, así como su galería de dioses.

Con la idea innovadora de inventar una mitología abierta, es decir, no cerrada en una cosmovisión coherente, sino llena de cabos sueltos, de ideas apuntadas, de citas y notas sin solución de continuidad, Lovecraft consiguió expandir los "mitos de Cthulhu" más allá de él mismo como autor, e involucrar a una --cada día más extensa-- legión de escritores que se han apropiado de la mitología y han abonado en la construcción de esta cosmovisión.

Algunos de los relatos adaptados por Breccia son de los más representativos del escritor norteamericano: "El llamado de Cthulhu", "El color que cayó del cielo", "El horror de Dunwich", "La sombra sobre Innsmouth", "La cosa en el umbral", "El morador de las tinieblas". Espero que los disfruten.

Has click en el siguiente link para decargar la historieta en tu computadora

Otras ligas destacadas sobre el tema:

Tebeosfera

Entrevista con Breccia

Lovecraft en español

Dos flores al mal


DOS FLORES DEL MAL

Lo odioso aparece al lado de lo más bajo, lo más repugnante al lado de lo infecto. Nunca se vio sobar y morder a tantos pechos en tan pocas páginas; nunca se contempló semejante desfile de demonios, de fetos, de monstruos, de gatos y de podredumbre. El libro es un hospital abierto a todos los excesos de la mente, a todas las putrefacciones del corazón.

Gustave Burdion en Le Figaro

“Cuando hablan de Baudelaire, críticos y maestros no nos perdonan ninguna de sus desgracias, andanzas y vicios: la infancia difícil, la bohemia del estudiante, las prostitutas y la sífilis, la pasión morbosa por la mulata Jeanne Duval, los apuros económicos, la salud paulatinamente degradada y las poses de dandy, la vejez prematura y la afasia, por fin la muerte lamentable después de una larga agonía entrecortada por eructos blasfematorios. Parece ser que no hay modo de justificar el genio si no es por la debilidad o las manías, el alcohol y las drogas, las amantes y la decrepitud; como si el artista no pudiese ser tal sino por causas infamantes.”
“Baudelaire fue así, durante más de un siglo, un poeta inmoral, rayando la pornografía, una lectura para degenerados que el orden moral sólo podía coger entre pinzas y tapándose la nariz. La nota de Gautier, en su Rapport ya avisaba que las flores de Baudelaire eran venosas; allá aquel que se atrevía a olerlas.”



“Las flores del mal debían sentarse en el banquillo como Jesús debía ser crucificado. Eran los años del imperio autoritario; el poder miraba con recelo cualquier desorden, cualquier libertad tomada con la moral oficial y Baudelaire lo sabía. Tuvo que pagar el precio de sus atrevimientos pero no supo sacarle el provecho que Flaubert sacó al proceso de Madame Bovary.

Introducción por Alain Verjat y Luis Martínez Merlo, a la edición bilingüe de “Las flores del mal” de Charles Baudelaire, por ediciones Cátedra, Madrid, 1998. Letras Universales 149. Pags: 36, 23, 34.

CIX

La destrucción

A mi lado el Demonio sin cesar se revuelve;
nada a mi alrededor como un aire impalpable;
lo aspiro y lo siento quemando mis pulmones
y los llena de un deseo eterno y culpable.

Toma a veces, pues sabe cuánto me gusta el Arte,
la forma de la más seductora mujer,
y, con el pretexto de quitarme las penas,
acostumbra mis labios a sus filtros infames.

Así me lleva lejos de la vista de Dios,
destrozado de fatiga y jadeante, en medio
de llanuras de Hastío[1], profundas y desiertas,

y en mis pupilas llenas de confusión arroja
mancillados vestidos, heridas palpitantes,
y el bullicio sangrante de la Destrucción.

CIX

La Destruction

Sans cesse à mes côtés s’agite le Démon;
Il nage autour de moi comme un air impalpable;
Je l’avale et le sens qui brûle mon poumon
Et l’emplit d’un desir éternel et ocupable.

Parfois il prend, sachant mon grand amour de l’Art,
La forme de la plus séduisante des femmes,
Et, sous de spécieux prétextes de canard,
Accoutume ma lèvre à des philtres infâmes.

Il me conduit ainsi, loin du regard de Dieu,
Haletant et brisé de fatigue, au milieu
Des Plaines de l’Ennui, profondes et désertes,

Et jette dans mes deux pleins de confusion
Des vétements souillés, des blessures ouvertes,
Et l’appareil sanglant de la Destruction!

Luzbel expulsado del paraíso, Gustave Doré

CXX

Letanías de Satán[2]

Oh, el más sabio y hermoso[3], tú, de todos los ángeles,
Dios traicionado por el hado y privado de loores[4],

¡Apiádate, oh Satán, de mi larga miseria!

Oh príncipe exiliado a quien se hizo una ofensa,
y que, vencido siempre, más fuerte te levantas[5].

¡Apiádate, oh Satán, de mi larga miseria!

Tú que lo sabes todo, rey de lo subterráneo,
sanador familiar de la angustia del hombre,

¡Apiádate, oh Satán, de mi larga miseria!

Tú que, hasta a los leprosos y a los parias malditos,
el gusto del Edén por amor les enseñas,

¡Apiádate, oh Satán, de mi larga miseria!

Oh tú, que de la Muerte, tu vieja y fuerte amante,
Engendras la Esperanza, —¡Qué deliciosa loca!

¡Apiádate, oh Satán, de mi larga miseria!

Tú que das al proscrito la mirada alta y calma
que a todo un pueblo en torno de un cadalso condena,

¡Apiádate, oh Satán, de mi larga miseria!

Tú que en qué rincón sabes de tierras codiciadas
Escondió el Dios celoso sus piedras más preciosas,

¡Apiádate, oh Satán, de mi larga miseria!

Tu vista sabe los hondos arsenales
donde encerrado un pueblo de metales dormita,

¡Apiádate, oh Satán, de mi larga miseria!

Tú, cuya larga mano al sonámbulo errante
Al borde de las casas los abismos oculta,

¡Apiádate, oh Satán, de mi larga miseria!

Tú que, mágicamente, los viejos huesos sanas
al ebrio rezagado que los caballos pisan,

¡Apiádate, oh Satán, de mi larga miseria!

Tú que a mezclar enseñas azufre con salitre[6],
para darle consuelo al doliente hombre frágil,

¡Apiádate, oh Satán, de mi larga miseria!

Tú que pones tu marca, oh cómplice sutil,
En la frente del vil y despiadado Creso,

¡Apiádate, oh Satán, de mi larga miseria!

Y a las muchachas pones en el pecho y los ojos
el culto de la llaga y el amor del andrajo,

¡Apiádate, oh Satán, de mi larga miseria!

Bastón del exiliado, luz de los inventores
confesor del ahorcado y del conspirador,

¡Apiádate, oh Satán, de mi larga miseria!

Padre adoptivo de esos que en su cólera negra
Dios Padre del Edén Terrenal ha expulsado,

¡Apiádate, oh Satán, de mi larga miseria!

Oración

¡Gloria y loor a ti, Satán, en las alturas[7]
del cielo, en donde reinas, y en las profundidades
del infierno, en que sueñas, derrotado, en silencio!
¡Haz que mi alma, debajo del árbol de la Ciencia,
junto a ti un día repose, cuando sobre tu frente
igual que un templo nuevo sus ramajes se expandan!

CXX

Les Litanies de Satan

O toi, le plus savant et le plus beau des Anges,
Dieu trahi par le sort et privé de louanges,

O Satan, prends pitié de ma longue misère!

O Prince de l’exil, à qui l’on a fait tort,
Et qui, vaincu, toujours te redresses plus fort,

O Satan, prends pitié de ma longue misère!

Toi qui sais tout, grand roi des choses souterraines,
Guérisseur familier des angoisses humaines,

O Satan, prends pitié de ma longue misère!

Toi qui, même aux lépreux, aux parias maudits,
Enseignes par l’amour le goût du Paradis,

O Satan, prends pitié de ma longue misère!

O toi qui de la Mort, ta vielle et forte amante,
Engendras l’Espérance, —une folle charmante!

O Satan, prends pitié de ma longue misère!

Toi qui fais au proscrit ce regard calme et haut
Qui damne tout un peuple autour d’un échafaud,

O Satan, prends pitié de ma longue misère!

Toi qui sais en quels coins des terres envieuses
Le Dieu jaloux cacha les pierres précieuses,

O Satan, prends pitié de ma longue misère!

Toi dont l’œil clair connaît les profonds arsenaux
Où dort enseveli le peuple des métaux,
O Satan, prends pitié de ma longue misère!

Toi dont la large main cache les précipices
Au somnambule errant au bord des édifices,

O Satan, prends pitié de ma longue misère!

Toi qui, magiquement, assouplis les vieux os
De l’ivrogne attardé foulé par les chevaux,

O Satan, prends pitié de ma longue misère!

Toi qui, pour consoler l’homme frêle qui souffre,
Nous appris à mêler le salpêtre et le soufre,

O Satan, prends pitié de ma longue misère!

Toi qui poses ta marque, ô complice subtil,
Sur le front du Crésus impitoyable et vil,

O Satan, prends pitié de ma longue misère!

Toi qui mets dans les yeux et dans le cœur des filles
Le culte de la plaie et l’amour des guenilles,

O Satan, prends pitié de ma longue misère!

Bâton des exilés, lampe des inventeurs,
Confesseur des pendus et des conspirateurs,

O Satan, prends pitié de ma longue misère!

Père adoptif de ceux qu’en sa noire colère
Du paradis terrestre a chassés Dieu le Père,

O Satan, prends pitié de ma longue misère!

Prière

Gloire et louange à toi, Satan, Dans les hauteurs
Du Ciel, où tu régnas, et Dans les profondeurs
De l’Enfer, où, vaincu, tu rêves en silence!
Fais que mon âme un jour, sous l’Arbre de Science,
Près de toi se repose, à l’heure où sur ton front
Comme un Temple Nouveau ses rameaux s’épandront!


[1] Esta palabra es la clave del poema. Para luchar contra el Spleen, el poeta suscita el sadismo latente en cada hombre, lo que él llama “Las flores del mal”.
[2] Antes de 1848, consta que un grupo de jóvenes rendía culto a Satán. Estas letanías se inspiran en los rituales y oraciones de esta religión.
[3] La expresión es una antigua tradición. Cfr. Marino: “…o gia di luce Angel più Bello!”.
[4] El mito de Lucifer no se entiende si no se le considera, como hacían los románticos, ante todo como un vencido que no ceja en sus empeños.
[5] Para Baudelaire, como para los lectores románticos de Milton, ésta es la superioridad de Satán.
[6] Ingredientes de la pólvora: el propósito revolucionario del autor es declarado.
[7] Los cultos luciferiano suelen invertir los términos del culto católico o calcarlo. La expresión adapta “Gloria in excelsis Deo”.

Mal Rayo


Mal rayo
Publicado en el portal http://sermexico.org.mx/ para "Escribamos una historia" Marzo 2008
Basado en un hecho real ocurrido en el Estado de México.

Al medio día Jacinto pastoreaba su ganado, con la única compañía de Genaro, su perro pastor. Era un ganado modesto de apenas media docena de borregos. Tenía pequeñas parcelas en la parte alta de la sierra, las trabajaba de madrugada y a medio día sacaba a pastar sus ovejas. Era un hombre solitario, y su vecino más cercano se hallaba a una colina de distancia. Hacía abajo, en la sima de la cañada, había un pueblito de campesinos y ganaderos donde vivía el resto de su familia.

Jacinto no supo de donde vino el mal tiempo aquel día, como por encantamiento las nubes se cerraron unas sobre otras como si las empujaran. Se había alejado mucho de su cabaña y aunque apresuro el paso no le dio tiempo de llegar antes de que empezara la tormenta y los malditos relámpagos, que amedrentaban a las ovejas. Genaro, cual general de brigada, hacía esfuerzos realmente enormes para mantenerlas juntas y en dirección.

Repentinamente Jacinto tuvo una mala sensación, primero fue en la cabeza y en la nuca, después le recorrió el cuerpo, luego vino una luz muy intensa y luego la oscuridad.

Cuando abrió los ojos la lluvia había cesado. Se veía el cielo muy claro y despejado. Trato de levantarse pero no sentía el cuerpo, ni podía mover los brazos y las piernas. Solo el cuello y hacia los lados. Miró a su costado y no pudo menos que lamentarse al ver a Genaro tendido junto a él. Trato de pensar en lo que había pasado. Al cabo de varias horas pudo recordar la tormenta, quizá lo había alcanzado un rayo.

En ese momento Jacinto supo que iba a morir, y se lamentaba por no haber muerto de un jalón. Estaba consciente pero inmóvil y las posibilidades de que alguien lo encontrara ahí eran nulas. Moriría de sed y de hambre. Pero el tiempo pasaba y pasaba, llegó la noche y llegó el otro día, un poco de lluvia le dio de beber. Y cuando lo apretó el hambre tuvo que recurrir a la masa de carne calcinada y cocida que un día fue Genaro, y que estaba al alcance de su boca.

La putrefacción de la carne acerco a las moscas y aquella masa chamuscada se llenó de gusanos; luego vinieron las ratas que se paseaban junto a él con total descaro, y finalmente cayeron del cielo los carroñeros. Para defenderse de todos estos bichos tuvo que mantenerse en movimiento constante —el que le permitía su cuello— no pudo evitar sin embargo, perder un ojo de un picotazo, y quizá un labio… Aunque era terrorífico, no sentía dolor. Más de una vez quiso pedir auxilio pero no salían las palabras de su boca. Ni quería pensar en el resto de su cuerpo…
¿Qué quedaría de él, bajo una verdadera nube de zopilotes negros y malolientes?

Pasaron horas de este infierno hasta que sonó un disparo de escopeta. La jauría de voraces carroñeros emprendió la huida, quedando solo las moscas.

— Ahí esta Jacinto… ¡Dios mío!— Jacinto vio de frente a Juventino, su hermano mayor. No es posible describir con palabras el gesto de aquel rostro horrorizado. Era pánico. Juventino lloró al ver a Jacinto, que en ese momento movió el cuello. Un sobresalto que sobrepasó el pánico, tomó la voluntad de Juventino — ¡Esta vivo! ¡Dios mío! — aquel hombre de costumbres feraces, macho del pueblo y comisario, matador de rastro, cayó desplomado, desvanecido ante la fuerte impresión.

Las extremidades de Jacinto, cocidas por el fuego, estaban hasta los huesos, consumidas por los carroñeros; sus tripas asomaban por fuera del estómago; la mitad de su rostro estaba también hasta los huesos, sin nariz, sin labios, sin barba, un ojo colgaba fuera de su órbita, y aquello que Jacinto suponía, era Genaro, no era más que su propio brazo.

Relato inspirado en una nota periodística publicada en "El Nacional" cuyo encabezado decía "Comió carne de su propio brazo para sobrevivir".

lunes, 27 de octubre de 2008

Respuesta de Adolfo Castañón

Felipe Ugalde
Respuesta de Adolfo Castañón a la publicación de fragmentos de su libro "Recuerdos de Coyoacán".

Luis F.

Gracias por tu atención. Gracias por tus generosos comentarios. Creo que me gustaría reservar el poema entero para los lectores del libro pero te agradezco la reproduccciòn de esos fragmentos y los comentarios elogiosos en torno al autor y el texto.
El libro Recuerdos de Coyoacàn sabe en efecto a Octavio Paz, está dedicado a el, a "O. P., alma , región luciente". El libro ha sido publicado en diversas ediciones, en Ditoria, la primera vez, luego fue recogido junto con Transito de Octavio Paz --otro libro poema-- en la República Dominicana, fue también publicado en España en una editorial marginal, ediciones de la Galera Sol, está recogido en La campana y el tiempo, libro que recoge los poemas escritos por mi persona entre 1978 y 2003, publicado originalmemente en Perú, en las ediciones de Hueso Húmero y finalmente en La campana y el tiempo , editado por Práctica Mortal, la colección de la dirección general de públicaciones del CNCA en 2004.
El libro, como he dicho en alguna entrevista, fue escrito como una suerte de exorcismo para librarme de la fuerza llamada Octavio Paz ---con quien trabajé durante muchos años--- con ayuda de la fuerza llamada Alfonso Reyes. Es, como lo has visto muy bien, un palimpsesto o un pentimento...
Te agardeceré mucho que si es posible se inserte la ficha editorial para que algún lector lo pueda conseguir... Si tienes visitas a tu blog y algún lector se interesa puedes desde luego dar mi correo electrónico. Y sin más te saluda agradecido por tu amistad y tarea, tu leyente amigo

Adolfo Castañón

Más letras de Adolfo Castañón en la Web.

viernes, 17 de octubre de 2008

Recuerdos de Coyoacán / Adolfo Castañón

Adolfo Castañón (n. Cd. de México 1952)


ENCUENTRO DE PASILLO

Por una circunstancia contractual me encontré con Adolfo Castañon en la antesala de una oficina. Él por supuesto leía, y sin mala intención cometí el crimen de interrumpirlo, pero al parecer no le fue totalmente chocante la interrupción. En plena conmemoración de los funestos acontecimientos del 2 de Octubre de 1968, no pude evitar comentarle que había visto su entrevista a la Dra. Luz Aurora Pimentel donde me había enterado que ambos habían estado en la Preparatoria 6, la de Coyoacán, él justamente en 1968. Durante la espera burocrática también le comenté sobre un poema notable de Gabriel Zaid con motivo de 1968, que Jorge Volpi leyó en una de sus clases en la Facultad de Filosofía y Letras, precisamente el 2 de Octubre. De inmediato me comentó de un poema que él mismo había escrito sobre el tema llamado Recuerdos de Coyoacán.

Le pedí las referencias bibliográficas y él me propuso generosamente enviármelo directamente a mi correo electrónico, por supuesto no resistí la tentación de pedirle su autorización para reproducirlo en mi blog, él sonrió y me aclaró que era un poema extenso, un libro. De inmediato pensé en colocar un fragmento, Adolfo aceptó, eso creo. La semana siguiente me puse en contacto con él por e-mail y ese mismo día me envió su libro. Estas son mis impresiones de lectura.

DESCUBRIMIENTO

"Recuerdos de Coyoacán" quizá sea una crónica poética o un poema cifrado en crónica, en cuyas diferentes partes da cuenta de un itinerario espiritual, que recorre la memoria juvenil de un momento trascendente: de un espíritu subyugado por una ciudad, por un tiempo transicional, de lecturas y soledades, de convivencia callejonera, de sociedad y política callejera: intensa y trágica en el otoño de 1968.

La poesía de Adolfo Castañon en los “Recuerdos de Coyacán” sabe a Paz, al poeta. Por lo menos deja esa sensación en la boca, en sus ritmos, en la irrupción de elementos coloquiales, de majaderías que estallan sobre el lector como bombas irreverentes, sorprendentes, atmosféricas. Pero también en su visión del otrora Anahuac, en sus juegos de luces y sombras, en su asombroso manejo del lenguaje, en sus exploraciones sonoras, semánticas, retóricas, y en fin. En el culto y complejo universo que expresan, intertextual en el sentido antigüo: en la madeja de influencias, en el entrecruce de citas explícitas e implícitas, que lejos de la vacua erudición construyen un mundo de resonancias abiertas e infinitas. Supone uno entonces que no es gratuita la dedicatoria, que hay una identidad poética, quizá un homenaje, o un reconocimiento de paternidad artística.

Lo sorprendente: es una obra amena, que fluye como un chopo de agua. No se trata de formas huecas, de meros juegos verbales, imágenes falsas o metáforas que lejos de iluminar desvinculan los objetos que señalan o truecan símbolos por falacias, vicios todos que ensombrecen la poesía contemporánea y el quehacer poético: se trata de poesía que no solo quiere decir algo, sino que lo dice; de poesía con sentido y sentimiento. Ejemplo de lo que considero buena poesía.

No temo utilizar para este poema extenso el epíteto de obra maestra: como lector tirano y esclavo de su propia hermenéutica así lo pienso, pero sobre todo lo siento. Y si bien no puedo compartir mi sentimiento, si puedo compartir el objeto de su provocación.
Aquí un atisbo de los “Recuerdos de Coyoacán” del Poeta —así con mayúscula— Adolfo Castañón.


“Recuerdos de Coyoacán”
Adolfo Castañon, 1998.


Nota sobre la edición: El Blogger impide que los versos conserven ciertas formas visuales que Adolfo ha puesto en algunos de ellos, importantes porque también crean sensaciones rítmicas. Pido una disculpa, espero poder enmendar esta situación.

(FRAGMENTO 1)


Entre Donceles y Tacuba
entre Hidalgo y Allende
La ciudad dormía
entre sus nombres
El país soñaba con la Ciudad
Todas las ciudades de México
eran la misma ciudad de México
soñando los mismos nombres
(Un abogado en cada hijo)
El Águila y la Serpiente
se reproducen a huevo


Águila Madre Culebra
Obra cascabel del aire
Ave Marina que estás con nosotros
Devoraruinas Comebasura
crece tu falda de escombros



detritus de vidrio
sobre los bordes manchados
por los hexagramas de la peste
¿Sabes dónde está enterrado Moctezuma?
En el Valle desierto
por
el camino crepúsculo
por las sombras herederas de otros pasos
sobre las azoteas
en los balcones
el amor y la marihuana en la noche líquida
los labios se abren con un soplo
los héroes sin ojos ni pies
y sin tumba ni monumento
no son héroes dicen
a tientas
con la guía clamorosa del rumor

Más de quinientos muertos
quién sabe cuántos desaparecidos
La voz no dejaba de preguntar
el nombre del Fuego Viejo
en el nombre del Fuego Nuevo
la palabra de la serpiente
el número de la oscuridad y de su espejo
la letra del cielo en llama
la cifra de piedra en la luz



Y el cuento de nunca acabar:
el cuento de una larga noche triste
Aullaban
nombres calcinados
las ambulancias


(FRAGMENTO 2)

Creadora del Cielo y de la Tierra
La voz no sabía si dormía
si sólo callaba entre escombros
si deletreaba casonas leprosas
como quien toca la piel de un abuelo
Si el lenguaje soñaba una ciudad
dormida entre sus nombres
Si cada paso es un nombre
si las sombras en el eje de la Plaza
¿dónde yace el taciturno Moctezuma?
Si con los pies en los ojos
despiertan en su Fiesta Muertos
Y todavía me preguntas
si es mejor espejo Freud o Jung
si la serpiente dormía con los ojos abiertos
si en el Metro la tierra era otra
o la misma semilla de los periódicos
que sabía a libertad
pero alimentaba el rencor
la memoria imperdonable:
a tientas por la ciudad

la brújula del rencor
Este país se muere con los ojos abiertos
las botas puestas
Crece la noche triste como un árbol
y a cada pregunta te abre los ojos

Porque sabes que siempre te he querido:
si muero lejos de ti
ciudad de pantanos desecados
boca de rumor
ojos de tolvanera
dime si soy el mismo
si feliz
en el aire oscuro
de tu historia intacta/manoseada
entre ruinas y días de feria
ambulantes los muertos
éramos nosotros
y nuestros pies párpados
por las escalinatas
bajo
la pirámide

Buscábamos un maestro
nos devolvían cadáveres
embalsamados a la luz pública

………………………………………………………………………………………………

DEL PROPIO ADOLFO SOBRE SU POEMA

Cuando pisé por primera vez la Preparatoria 6, en la calle de Corina (casualmente llamada como la atractiva improvisadora de Corinne de Madame de Staël, como una perra que quise mucho y como una canción popular de la época), en Coyoacán, tenía –o creía tener– conciencia de que la historia ya había pasado: San Ildefonso, los patios de la antigua Preparatoria, la agitada vida estudiantil del México de los años treinta que mi padre y sus amigos evocaban con deportiva y jubilosa nostalgia, no se podía comparar con el nuevo y moderno edificio al que entrábamos para hacer nuestros estudios ni con nuestra insípida y moderna época.

Unos meses después, nos percatamos de que la historia no había pasado de ningún modo. Estalló 1968 y, como vivíamos bajo el volcán, algunos quisimos asomarnos al cráter. Supimos por otras experiencias personalísimas que quien ha respirado el polvo de las calles de México, como dice Malcon Lowry, ya no encontrará la paz en ningún otro sitio.
Siempre tuve una tendencia a la soledad y a la contemplación. Aunque acompañaba a mis compañeros a la calle, prefería leer. Cuando el Movimiento Estudiantil desfallecía, mis aventuras leídas apenas comenzaban: leía las cosas que me interesaban y las que imponía el interés del tiempo. Me atraían la Edad Media y la Patrística, mi lectura de cabecera fue durante mucho tiempo La rama dorada, cuyas historias de regicidios rituales y explicaciones arcaicas me edificaban. La furia política que se apoderó de casi todos mis contemporáneos me fue ajena. En cambio, el Centro me atraía como un imán irresistible: aquella ciudad era como un libro que había que descifrar.

A. C. México D.F. a 9 de febrero de 1998.

jueves, 2 de octubre de 2008

EL ALTAR DE LOS MUERTOS

EL ALTAR DE LOS MUERTOS

Recuerda el poeta lo que el pueblo olvida:
El color de la macana,
El sabor del gas en la boca rota,
El aire inmóvil, muerto de una directísima pedrada,
El terror colgando de un hilo,
El cometa azul de la vida colgado de un hilo,
Todas las arañas del mundo colgando de un hilo.
El poeta recuerda y la catapulta de su boca lanza
Palabras de piedra, emponzoñados jeroglíficos,
Gusanos en descomposición,
Vanos intentos de digerir unos hechos
Más grandes que la realidad.
Al fin Huitzilopochtli
Después de cinco siglos resucita;
Su collar es de suásticas de hueso,
Su altar en Tlatelolco
Entre la escoria de tres culturas se levanta,
Mientras el duelo sube por los tobillos
Como una ardiente alfombra de vapor
Y las cabelleras son izadas a media asta
Y la tristeza mata por enésima vez
A nuestra terca nación resucitada.
La irá del Popocatéptl
Calladamente circula hacia adentro
Y hasta el niño menos viejo advertiría
Que el país que tuvimos ya no lo tenemos.

Un nuevo territorio
—En este siglo expansionista—
Al infierno fue anexado
En un dos de octubre mexicano.

Montes de Oca, Marco Antonio. Altanoche, antología de poemas breves (1953-1984). SEP, México D. F., 1986. (Lecturas Mexicanas 46, Segunda Serie) Pág. 109


“El mundo de Montes de Oca queda bellamente irisado con tantas gotas de aguda luz poética. Gotas, esto es, intuiciones redondas, mínimas, rápidas, fluidas, sorprendentes por su originalidad. Libertad, pero no la del espontáneo superrealista —que nos mezcla la joya y el barro—, sino la del lúcido forjador de mitos y orgulloso orfebre de formas limpias. De recordarnos un taller, este poeta mexicano pertenecería más al de Huidobro que al de Neruda. A los dos excede en cuanto a caudal imaginativo.”

Enrique Anderson Imbert

“Entre el poeta y su palabra, entre la imagen y la realidad hay una zona de ausencia. ¿Qué hacer? Iluminar la tiniebla, acribillar la nada, dar forma a lo que todavía oscila entre ser pájaro o ser mujer: conjurar a la realidad para que al fin encarne en unas cuantas palabras. Cantar, decir. Y Montes de Oca dice y su decir, con frecuencia, es admirable”

Octavio Paz

ANIVERSARIO DE TLATELOLCO


José Revueltas escribió este texto a dos años de ocurridos los trágicos hechos, aún encarcelado en Lecumberri. A cuarenta años, considero que la mayor parte de sus palabras siguen vigentes. El subrayado es mío.



ANIVERSARIO DE TLATELOLCO

La bárbara matanza de Tlatelolco el 2 de octubre de 1968 es una herida que permanece aún abierta y sangrante en la conciencia de México el 2 de octubre de 1970. Han pasado dos años, pero esto no es cosa del transcurrir del tiempo, sino del transcurrir de la justicia histórica: sólo ella puede cerrar esta herida. No obstante, ni la justicia histórica, ni nadie, ni nada podrá borrar este recuerdo: será siempre un acta de acusación y una condena. Hoy, a dos años de distancia, la pregunta acusatoria sigue sin respuesta: ¿cómo fue posible una acción tan criminal y monstruosa, tan increíble, irracional y estúpida, como la matanza de Tlatelolco del 2 de octubre? Ésta era la misma, la idéntica pregunta que se hacía la conciencia de México a principios del siglo. ¿Cómo fue posible la insensata, la torpe, la vil y asesina matanza de los huelguistas de Río Blanco en enero de 1907? Aquella conciencia histórica de México dio la respuesta adecuada a tal pregunta tres años más tarde, en 1910: pero esta respuesta ya era una revolución.
Es lo que no entienden los gobernantes y lo que se niegan terca y mañosamente a ver: los dioses —como se decía en la antigüedad— primero cegaban a quienes previamente habían condenado a la perdición. El gobernante dictatorial y ciego, perdida toda capacidad de comprender al pueblo, apela a la represión para imponer su ceguera a todos con la muerte de la conciencia libre. Sabe que, en tanto más brutal y gigantesca sea la represión, mayores serán el desconcierto, las confusiones y la desmoralización momentáneas de las masas de la ciudadanía activa. De aquí la ciega confianza de la dictadura en que la represión de la actividad política de las masas convertirá en inerte a la ciudadanía, hundiéndola en el temor, el recelo y la angustia, dentro de una atmósfera en que no puede disponer de sus derechos, ejercer sus libertades, ni expresar sus opiniones. Pero esto es lo único que la dictadura sabe, porque las dictaduras no ven y satisfacen su seguridad del poder en la sangrienta eficacia de las matanzas multitudinarias y de las prisiones. Efímera, circunstancial, ilusoria eficacia de la masacre de los huelguistas de Río Blanco en 1907. Efímera, ciega, sorda, inmunda eficacia de la masacre de 1968 en la plaza de las Tres Culturas del Tlatelolco olímpico, en el Olimpo rezumante de sangre de los antiguos dioses vengativos que ciegan antes al ejecutor de sus designios.
Esta ceguera criminal, esta sordera asesina de la dictadura es lo que explica Tlatelolco. Al diálogo que el pueblo reclamaba, se le contestó, primero, con el tabletear de las ametralladoras; después, mediante el careo judicial de las víctimas con los propios victimarios en los procesos mistificados con los que se harán recaer las sentencias sobre los presos políticos de 68, a quienes no se les perdona siquiera la infamia de calificarlos como delincuentes comunes.
Han transcurrido dos años desde la sombría matanza de Tlatelolco. Repetimos: no se trata del lapso transcurrido. El tiempo es el más tenaz e infatigable trabajador de la libertad y la justicia. La presencia viva de nuestras voluntades —más intrépida, más tenaz, más osada—, por encima del tiempo que la dictadura pretende detener con las cárceles y con la muerte, será lo que acelera ese ritmo con que la historia trata de liberarse y encontrarse.

1º de octubre de 1970